viernes, 29 de diciembre de 2006

Filosofía como saber de «segundo grado»


El saber filosófico no es un saber doxográfico, un saber pretérito, un saber acerca de las obras de Platón, de Aristóteles, de Hegel o de Husserl. Es un saber acerca del presente y desde el presente. La filosofía es un saber de segundo grado, que presupone, por tanto, otros saberes previos, «de primer grado» (saberes técnicos, políticos, matemáticos, biológicos...). La filosofía, en su sentido estricto, no es «la madre de las ciencias»; la filosofía presupone un estado de las ciencias y de las técnicas suficientemente maduro para que pueda comenzar a constituirse como disciplina definida. Por ello las Ideas de las que se ocupa la filosofía, ideas que brotan precisamente de la confrontación de los más diversos conceptos técnicos, políticos o científicos, a partir de un cierto grado de desarrollo, son más abundantes a medida que se produce ese desarrollo.


Ahora bien, la respuesta a la pregunta ¿qué es la filosofía? sólo puede llevarse a efecto impugnando otras respuestas que, junto con la propuesta, constituya un sistema de respuestas posibles; porque el saber filosófico es siempre (y en esto se parece al saber político) un saber contra alguien, un saber dibujado frente a otros pretendidos saberes.

http://filosofia.org/filomat

Persigamos sólo logros adecuados a nuestra naturaleza inherente. Aristóteles.

Política y ética aristotélica: El logro del fin adecuado a nuestra naturaleza inherente.


Aristóteles erigió su ética directamente sobre los cimientos de su psicología. Igual que existe un fin natural para el crecimiento de una bellota -ha de convertirse en un roble grande y fuerte- existe un fin natural y adecuado a la vida humana, es decir, su realización o cumplimiento. Con ello Aristóteles aportó una base filosófica a la idea de los griegos de que sólo hay un modo de vida mejor, que sólo existe un camino hacia la eudaimonía (felicidad).

Igual que los robles tienen una naturaleza inherente que tienden a cumplir si las condiciones son favorables, los seres humanos tienden a realizar su naturaleza cuando las condiciones son favorables. Debido a que el alma humana es, en esencia, racional, y por lo tanto está capacitada para ser virtuosa, "el bien humano resulta ser la actividad del alma acorde con la virtud" (Ética a Nicómaco).
Entiéndase esto último, y en concreto los conceptos de alma, virtud y razón, en sentido aristotélico; O sea, alma como desarrollo de las capacidades de un cuerpo vivo, virtud como logro del fin adecuado a su naturaleza inherente, y razón como facultad para adquirir el conocimiento de conceptos abstractos universales. Concretando, que dado que el desarrollo de las capacidades del cuerpo humano es, en esencia, racional, están facultadas estas capacidades, en su desarrollo, para alcanzar el fin adecuado a su naturaleza inherente.

Debido a que las condiciones en que viven el árbol o el ser humano son tan importantes para la realización humana, la ética de Aristóteles es, al mismo tiempo, ciencia política. La ética-ciencia política de Aristóteles pretende eliminar la diferencia entre fýsis y nómos (entre leyes naturales y leyes sociales) introducida por los sofistas, para recuperar así la idea griega de que ambas cosas son idealmente lo mismo. Es bien sabido que Aristóteles afirmaba que el hombre es por naturaleza (fýsis) un animal social (nómos) o, más exactamente, un animal político. La vida natural del hombre es la vida en sociedad y la felicidad humana -o eudaimonía- depende, por lo tanto, de que el hombre viva en el tipo correcto de sociedad ordenada (nómos).

Aristóteles, en base a todo lo dicho, defendía como mejor un estado regido por leyes que otro regido por las virtudes temporales de los gobernantes. Pues el estado regido por leyes demuestra mejor, en la práctica, su ajuste al logro del fin adecuado a su naturaleza inherente, que no es otro que el de servir al bien general.

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La filosofía aristotélica como guía para la vida y estímulo para la acción.
http://www.kaosenlared.net/noticia.php?id_noticia=17394

Aristóteles. Conoce su concepción filosófica, física y política: Materia y Forma; Potencia y Acto.
http://www.kaosenlared.net/noticia.php?id_noticia=17276

Persigamos sólo logros adecuados a nuestra naturaleza inherente. Aristóteles.
http://www.kaosenlared.net/noticia.php?id_noticia=28625


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29.12.2006

jueves, 7 de diciembre de 2006

El ser humano hizo a Dios a su imagen y semejanza

Paráfrasis realizada del texto de Jostein Gaarder “los mitos” de su libro “El mundo de Sofía”.

Con el mito, los seres humanos intentan dar respuestas a algo que no entienden. También los griegos tenían su visión mítica del mundo cuando surgió la primera filosofía. Durante siglos, habían hablado de los dioses de generación en generación. En Grecia los dioses se llamaban Zeus y Apolo, Hera y Atenas, Diosisio y Asclepio, Heracles y Hefeso, por nombrar algunos.

Alrededor del año 700 a. de C., gran parte de los mitos griegos fueron plasmados por el escrito por Homero y Hesíodoro. Con esto se creó una nueva situación. Al tener escritos los mitos, se hizo posible discutirlos.

Los primeros filósofos griegos criticaron la mitología de Homero porque los dioses se parecían mucho a los seres humanos. Por primera vez se dijo que quizás los mitos no fueran más que imaginaciones humanas.

Encontramos un ejemplo de esta crítica de los mitos en el filósofo Jenófanes, que nació en el 570 a. de C. “Los seres humanos se han creado dioses a su propia imagen”, decía. “Creen que los dioses han nacido y que tienen cuerpo, vestidos e idioma como nosotros. Los negros piensan que los dioses son negros y chatos, los tracios los imaginan rubios y con ojos azules. ¡Incluso si los bueyes, caballos y leones hubiesen sabido pintar, habrían representado dioses con aspecto de bueyes, caballos y leones!”.

La filosofía aristotélica como guía para la vida y estímulo para la acción.

http://www.kaosenlared.net/noticia.php?id_noticia=17394

Vivimos tiempos difíciles en los que las personas se encuentran, como nos dice Hilario Camacho en su canción: ofuscados, confundidos, despistados, deprimidos.

Vivimos tiempos en los que orientarse no es fácil a pesar de estar inmersos en una sociedad que se autotitula de la información.

El que nos ha tocado vivir es un tiempo de conflictos, de guerra entre civilizaciones, de precariedades, de pobreza callejera, de fracaso escolar, de violencia de género, de gamberrismo pandillero, de especulación y enriquecimiento rápido para los pocos y de miserias y estrecheces para los muchos; tiempo de ruidos, contaminación y degradación ambiental; tiempo de contratos basura, accidentes laborales, salarios escasos, precios altos e hipotecas imposibles. En definitiva nuestro tiempo.

En un tiempo como este se hace necesario recurrir a la gran olvidada, a aquella de la que no nos acordamos, como ocurre con Santa Bárbara, hasta que truena. Me estoy refiriendo a la filosofía. Y para ello, para entenderla, para comprender a esta ciencia de las ciencias nada mejor que recurrir a Aristóteles, llamado, por la profundidad de sus conocimientos y por haber sido referencia obligada de tantos, el príncipe de los filósofos.

Además es Aristóteles uno de los filósofos que más énfasis puso en descubrir las leyes inherentes que guían nuestro desarrollo, nuestra tendencia al crecimiento, nuestro pasar de ser lo que somos a lo que debemos ser. Nadie como Aristóteles analizó con tanta profundidad el cambio, las dificultades con que se encuentra todo cambio para hacerse posible (de ahí viene su noción de voluntad como garantizadora y aceleradora del cambio), así como su convencimiento de que toda situación irracional, la actual es una evidencia de ello, termina, como consecuencia de la tendencia innata que rige a todo ser organizado, transformándose en racional; dejando, en definitiva, de ser lo que es para llegar a ser lo que debe ser.

Sin más preámbulos que el relativo al deseo de que el pensamiento de Aristóteles os sirva de guía orientadora en la vida y estímulo para la acción, paso a exponeros brevemente su pensamiento:

Aristóteles, el estagirita

Nace en Estagira (Macedonia) en el 384 a. C. Pronto celebraremos el 2.400 aniversario de su nacimiento. Darwin llegó a afirmar que los héroes intelectuales de su época "eran simples colegiales al lado del viejo Aristóteles".

Filosofía.- Su filosofía se presenta como solución a la antítesis Parménides-Heráclito y como superación del dualismo de Platón.
Para Aristóteles la filosofía es la Ciencia General previa a todas, pues sus principios guían a todas las demás ciencias.
La sustancia es la noción central de la filosofía de Aristóteles.
La sustancia para Aristóteles es Hylemórfica (compuesta de materia y forma). Sustancia es el individuo, el sujeto o el ser particular.
Materia y forma (potencia y acto) son para Aristóteles términos inherentes. No se da el uno sin el otro.
El Universal Verdadero, tan buscado por Sócrates y Platón, es para Aristóteles la sustancia y existe inmanente a ella no trascendente a la misma.

Física.- El cambio, el devenir, es para Aristóteles inherente a la sustancia. Es evidente para Aristóteles la tendencia al desarrollo de la sustancia.
El principio del cambio es la dialéctica de los contrarios: forma y privación.
Los principios del cambio se producen sobre algo, este es el sujeto del devenir. El sujeto del devenir es un no-ser que todavía no es, pues del ser no puede venir el ser, pues entonces no hay un llegar a ser, pues ya es; ni puede venir del no-ser, pues del no-ser no puede obtenerse nada.
El no-ser es el ser en potencia, el devenir es el paso dialéctico de la potencia al acto, de la privación a la forma.
Para Aristóteles el conocimiento científico es el conocimiento de las causas y para conocer las causas hay que referirse a los seres en su aspecto dinámico. Hay cuatro causas posibles de los seres: material, formal, eficiente y final.
Las causas material y formal hacen posible el cambio (causas intrínsecas).
Las causas eficiente y final procuran el cambio (causas extrínsecas).
La causa agente (eficiente) emprende el proceso con vistas a la consecución del fin. El fin no es otra cosa que la actualización efectiva de la forma.
Aristóteles otorga una importancia fundamental a la causa final, tanto que afirma que la naturaleza se comporta teleológicamente, tiende a un fin: el desarrollo inherente de todas sus potencialidades.
Aristóteles define claramente la finalidad inmanente, esto es, en la naturaleza todos los seres tienden a cumplir su fin que es la realización, lo más perfecta posible, de la forma que les es propia; ejemplo de esta evidencia en los seres orgánicos: la semilla tiende a ser planta, el embrión tiende a ser organismo.

Ética.- Para Aristóteles el Sumo Bien es el fin hacia lo que tiende el hombre, esto es, hacia la actualización o realización plena de todas sus potencialidades. La virtud es la felicidad, el Sumo Bien, que se alcanzará mediante el hábito (voluntad), a través de la enseñanza y del aprendizaje (virtudes intelectivas) o mediante el ejercicio y la repetición (virtudes morales).
Según el estagirita, lo virtuoso es el medio entre dos extremos viciosos, uno por defecto y otro por exceso: la valentía es el medio entre la temeridad y la cobardía; la modestia es le medio entre la timidez y el descaro.
Define Aristóteles la felicidad como la realización plena, activa y comprometida, por parte del hombre, de todas sus capacidades innatas.
Irracional es, por tanto, un no-ser que todavía no es. La racionalidad es la actualización efectiva de la forma que al ser humano le es propia: la autorrealización (realización plena de todas sus potencialidades y capacidades innatas).
La noción de voluntad es determinante en Aristóteles, la voluntad es necesaria para el paso de lo irracional a lo racional. Aristóteles es muy consciente de la lucha entre lo racional y lo irracional en el ser humano.

Política.-
A) Organización de la sociedad: Para Aristóteles toda comunidad tiende a un fin. El fin del estado es el bien del ser humano.
Las diferentes formas de asociación del individuo surgen por necesidad de alcanzar un fin que no es otro que el desarrollo pleno de sus potencialidades innatas.
El individuo se organiza: 1) familia, 2) aldea, 3) estado.
1) La familia garantiza la continuidad de la especie.
2) La aldea satisface las necesidades fisiológicas.
3) El estado satisface necesidades morales e intelectivas. El estado representa la culminación del hombre como animal político que necesita organizarse para alcanzar fines cada día superiores que de forma individual le es imposible lograr. El Sumo Bien es, por tanto, la autorrealización, el pleno desarrollo de las potencialidades que le son propias; y teniendo en cuenta que el ser humano es un ser racional, sus máximas potencialidades se encuentran en el ámbito de lo intelectivo.
B) Formas de gobierno: Aristóteles distingue dos formas de gobierno posibles, esto es, las justas que procuran el bien común y las desviadas que sólo procuran el interés particular de los que gobiernan. La forma más adecuada de gobierno es la Politeia o gobierno constitucional. Sus desviaciones son la tiranía, la oligarquía y la demagogia (democracia gestionada por demagogos en provecho propio, falseada y apartada del bien común).

http://www.kaosenlared.net/noticia.php?id_noticia=17394

La revolución científica del siglo XVII

La revolución científica del siglo XVII y la creación de la conciencia.
Por T. H. L.

En el Siglo XVII se inicia la revolución científica
La revolución científica del siglo XVII y la creación de la conciencia.


Los dos siglos que siguieron al año 1600 fueron auténticamente revolucionarios.
Este período comenzó con la revolución científica del siglo XVII y concluyó con las revoluciones políticas que tuvieron lugar en la América colonial y en la Francia monárquica.
La revolución científica y las revoluciones en las concepciones de la naturaleza y sociedad humanas que siguieron su estela, sentaron las bases de una serie de revoluciones políticas que pusieron en práctica sus ideas.
En el siglo XVII se vivió una crisis general en la que el viejo orden feudal desaparecía y empezaba a ser sustituido por los estados-nación modernos, laicos y capitalistas que sobreviven hoy día.
La transformación se completó durante el siglo XVIII, el período de la Ilustración, cuando las ideas tradicionales sobre la naturaleza humana, la sociedad y el gobierno fueron sustituidas por ideas científicas o inspiradas en la ciencia.
Para el pensador del Medievo y del Renacimiento, el universo era un lugar misterioso, donde cada hecho tenía un significado especial, que estaba organizado como una gran jerarquía que iba de Dios al mundo material, pasando por los ángeles y los seres humanos.
Esta visión del mundo era profundamente espiritual, ya que la materia y el espíritu no estaban nítidamente separados.
En el siglo XVII se sustituyó esta perspectiva por una visión científica, matemática y mecánica. Los científicos de la naturaleza demostraron el fundamento mecánico tanto de los fenómenos celestes como terrestres y, más tarde, de los cuerpos de los animales.
Con el tiempo, la aproximación mecánica se extendería a la propia humanidad, y el estudio de los asuntos humanos, desde la política hasta la psicología, sería sometido al método científico.
El proceso que se inicia en el siglo XVII tiene su conclusión en 1800, fecha en la que tanto el universo como la humanidad se consideran máquinas sujetas a la ley natural. En el desarrollo de este proceso desapareció la antigua concepción mística, tomando el mundo y el ser humano una nueva dimensión.


La revolución científica del siglo XVII
Es incuestionable la importancia de la ciencia en el mundo moderno. No puede pasarse por alto la revolución científica al abordar la historia de Occidente. Las repercusiones de la revolución científica son incuestionables.
La revolución científica eclipsa todo lo acontecido desde la aparición del cristianismo y reduce el Renacimiento y la Reforma a meros episodios, meros desplazamientos internos dentro del sistema cristiano medieval.
La revolución científica del siglo XVII quitó la Tierra del centro del universo e hizo de este una máquina gigantesca, completamente independiente de los sentimientos y de las necesidades humanas; Derribó la filosofía natural aristotélica asumida por la Escolástica y la sustituyó por la búsqueda de regularidades matemáticas precisas que pudieran contrastarse experimentalmente; Se deshizo de las antiguas concepciones griegas y romanas que veían el universo como un ser divino o un libro que podía ser leído, y las sustituyó por una concepción que lo consideraba una máquina; De la revolución científica también surgió la idea de que los hombres podían mejorar su destino a través de la razón y el experimento, en lugar de recurrir a la oración y a la devoción; La revolución científica también creó la conciencia moderna y su ciencia, la psicología.


¿Continuidad o revolución en el siglo XVII?
Una de las cuestiones más discutidas en la historia de la ciencia se refiere al grado de continuidad que hubo entre la ciencia antigua y la medieval, por un lado, y la ciencia moderna, por otro.
Los estudios recientes concluyen que la respuesta a esta pregunta depende de si se enfoca de manera interna o externa.
La historia interna de la ciencia se centra en estudiar el modo en que los científicos pensaban acerca de los problemas técnicos de su ámbito propio.
La historia externa de la ciencia se fija en los contextos social e institucional más amplios en los que se inserta la práctica científica.
Las tradiciones históricas internas de la revolución científica han llegado a la conclusión de que hay una brecha importante entre la ciencia medieval y la ciencia moderna; las recientes historias externas recalcan la continuidad. Como veremos, ambos puntos de vista son correctos.


¿Por qué tuvo lugar en Europa la revolución científica?
Las nuevas historias externas han enfocado el problema haciéndose una pregunta nueva: ¿Por qué se dio en Europa el gran paso hacia la ciencia moderna en vez de darse en otras de las grandes culturas mundiales como la islámica o la china?
Si un antropólogo extraterrestre que supiese que había habido una revolución científica hubiera estudiado el mundo alrededor del año 1000 de nuestra era, no se habría podido imaginar que la revolución tendría lugar en Europa.
Comparada con el Islam, que había conservado y traducido los trabajos científicos de la Grecia antigua, incluidos los de Aristóteles, Europa le habría parecido sumida en la ignorancia.
Comparada con China, con su gran riqueza y cultura, unificada bajo un único emperador, Europa le habría parecido empobrecida, analfabeta y con una estructura política feudal casi anárquica.
Estas opiniones habrían sido correctas. Sin embargo, en tan solo unos pocos cientos de años, la ciencia europea se puso muy por delante de la islámica y estaba lista para unificar el mundo mediante el comercio y las conquistas imperiales.
El secreto del éxito europeo no reside en la propia revolución científica, sino en instituciones sociales más amplias que proporcionaron un conjunto de estructuras sociales que hicieron posible la investigación científica libre.
Los fundamentos de la singularidad de Europa en la Alta Edad Media pueden resumirse en la “fe en busca de la razón” de San Anselmo y en el auge de las ciudades autónomas.
El hecho de que el Islam no consiguiera desarrollar la ciencia moderna mientras que Europa sí, se debe a varios factores interrelacionados.


Los factores interrelacionados que influyeron en el hecho de que el Islam no consiguiera desarrollar la ciencia moderna mientras que Europa sí, se pueden resumir en los siguientes:

1. El modo de propagación de la religión.
El cristianismo se propagó lentamente por el mundo romano como una religión perseguida que tenía que persuadir con argumentos a los paganos para que se convirtieran en cristianos.
El Islamismo, por su parte, se extendió rápidamente mediante conquistas militares por el norte de África y Oriente Medio, apoderándose de España durante varios siglos y llegando casi a conquistar Viena.
Por eso, aunque los cristianos no aceptaron completamente la filosofía pagana y, de hecho, perdieron contacto con la mayor parte de ésta, la filosofía y la teología cristianos absorbieron los modos de pensar helenísticos, incluido el respeto por el argumento racional y la distinción entre el orador y la idea que es característica de los sistemas abiertos de pensamiento.
Como conquistadores, los musulmanes podían mantenerse alejados de los paganos, los judíos y los cristianos y rechazar sus ideas como contrarias a la revelación del Corán.
Los paganos podían elegir entre convertirse, morir o convertirse en esclavos. Se toleraba que los judíos y los cristianos fueran monoteístas (los musulmanes consideran que el Islam es la perfección del monoteísmo de la Torá y la Biblia), pero no eran iguales en lo político a los musulmanes. Tenían que pagar impuestos especiales para ser tolerados y carecían de algunos derechos jurídicos que los musulmanes tenían.

2. La separación Iglesia-Estado.
En San Mateo 22.21 Jesús dice: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Con estas palabras, Jesús reconoce que la autoridad no religiosa o laica es válida en su propio ámbito; en este caso, los impuestos.
La separación Iglesia-Estado se vio reforzada por el descubrimiento y la aceptación en Europa del antiguo Corpus Romano del Derecho Civil, que se convirtió en la base del derecho civil europeo.
El Islam no reconocía la separación entre la autoridad religiosa y la laica. Mahoma era un profeta religioso y a la vez un gobernante político y un conquistador, como sus sucesores inmediatos los califas.

3. La creación de “espacios neutrales” -universales- para la investigación libre.
De igual modo que las autoridades religiosa y laica estaban separadas, las leyes europeas reconocían la existencia de entidades autónomas, instituciones independientes tanto del poder religioso como del poder laico de la realeza y la aristocracia.
Los primeros ejemplos de estas entidades autónomas fueron las ciudades libres de Europa. Más importante para la historia de la ciencia y la filosofía fueron las universidades europeas que eran también independientes.
Las universidades, como instituciones autónomas, podían establecer sus propios programas de estudios con una relativa libertad de intromisiones ajenas. Por eso en Europa se crearon espacios neutrales dentro de los cuales se podía ejercer la filosofía por cuenta propia sin tener prácticamente miedo a la represión.
La ley del Islam, el Sharia, no reconocía entidades corporativas de ningún tipo. Las universidades islámicas o madrassas estaban orientadas a enseñar el Sharia y tenían que ver principalmente con la memorización del Corán y de los hadiths, las enseñanzas orales de Mahoma.
Por esto, Guillermo de Ockham escribió: “En filosofía natural cada uno debería ser libre de decir abiertamente lo que le plazca”, mientras que el pensador islámico Algacel escribió: “Las obligaciones no provienen de la razón sino del Sharia”.

4. La autoridad del libro.
El judaísmo, el cristianismo y el islamismo son religiones de un libro -la Torá, la Biblia y el Corán-, y los musulmanes consideran el Islam como el fruto definitivo de los dos primeros. Sin embargo, como indica la cita de Algacel, en el Islam el Sharia (la ley islámica derivada del Corán y de los hadiths) se convirtió en la autoridad última y exclusiva en todos los aspectos de la vida.
En Europa, por otra parte, aunque se veneraba la Biblia, también se la criticaba y se limitaba su autoridad. Guillermo de Conchas escribió: “La gran misión del creyente es buscar la razón de las cosas y las leyes de sus orígenes, tarea que debemos llevar a cabo con nuestras mentes inquisitivas en fraternal asociación. Por eso, el papel de la Biblia no es enseñarte la naturaleza de las cosas, que es dominio de la filosofía natural”.

5. La recepción de la filosofía natural aristotélica.
Durante la Alta Edad Media sólo el mundo del Islam conservaba y traducía los trabajos de la filosofía natural griega. En la Alta Edad Media se produjo un movimiento, el Kalam, cuya finalidad era conciliar la filosofía natural con la revelación islámica. Pero el uso creador de la filosofía natural griega se había agotado fundamentalmente con Avicena. A las ciencias griegas se las llamó “ciencias extranjeras”, y los estudiosos islámicos desarrollaron solamente aquellos aspectos de la matemática y la ciencia griegas que encontraron de utilidad práctica. Así, se estudió y mejoró la geometría y al trigonometría porque facilitaba a los creyentes el cálculo de la ubicación de la Meca en sus oraciones diarias, y se desarrolló el álgebra porque ayudaba a repartir con justicia las herencias. Algacel temía que los estudiantes de la ciencia, las matemáticas y la lógica griegas “se infectaran con el mal y la corrupción de los filósofos naturales”. El estudioso islámico Abenjaldún escribió: “los problemas de la física no tienen para nosotros importancia en nuestros asuntos religiosos y nuestras vidas. Por lo tanto, debemos dejarlos en paz”.
Por el contrario, los filósofos europeos acogieron muy bien el conocimiento griego cuando lo conocieron gracias al contacto con el Islam después del año 1100, y la filosofía natural aristotélica se convirtió rápidamente en la parte central de los estudios universitarios. Al contrario que Algacel y Abenjaldún, los filósofos y teólogos europeos consideraban que los antiguos se orientaban hacia Dios con la razón, a la que los teólogos podían añadir la revelación cristiana. Se esforzaron en conciliar la teología y la filosofía natural en una visión armoniosa del universo. Aunque los teólogos conservadores llevaron a cabo tentativas ocasionales para prohibir ciertos aspectos de la ciencia aristotélica, no lo consiguieron.

6. El conocimiento público
Algunas tradiciones de aprendizaje en el mundo helenístico -especialmente el neoplatonismo- impulsaron la idea de la “doble verdad”, esto es, la idea de que había una verdad para los cognoscenti iniciados que se reunían en torno a maestros como Hipatia de Alejandría, y otra para el público en general.
Esta noción prevaleció en el mundo islámico, pero no en Europa. Por ejemplo, el Islam prohibió la imprenta hasta el siglo XIX, mientras que en Europa circulaban libros de todo tipo, incluso la Biblia, desde los tiempos de Gutenberg (1400-1468). En las universidades medievales, los debates sobre temas filosóficos y teológicos eran públicos, mientras que en el mundo islámico la enseñanza de la filosofía era generalmente un asunto secreto entre el maestro y el estudiante.

7. La causalidad secundaria.
Aristóteles atribuyó los cambios del universo a un motor inmóvil y por eso resulta natural que los pensadores cristianos e islámicos identificaran al motor inmóvil con su creador, con Dios. Sin embargo, surgió una pregunta que fue de gran importancia para el desarrollo del pensamiento científico moderno. Como creador del mundo, Dios era responsable de su existencia, pero, ¿era también responsable de cada acontecimiento cotidiano? Algunos de los seguidores de Aristóteles desarrollaron la idea de causalidad secundaria.
Podemos resumir la idea de causalidad secundaria siguiendo el razonamiento de sus desarrolladores, esto es, Dios creó el mundo, pero dio a los objetos el poder de afectar a otros objetos; así, la bola tiene el poder de tirar los bolos. Este concepto fue aceptado por los filósofos naturales cristianos de la Edad Media. Como escribió el filósofo naturalista del medievo Juan Buridán, “en filosofía natural debemos aceptar las acciones y las dependencias como si siempre se produjeran de forma natural”. Hugo de San Víctor representó el mundo como una máquina automática: “El mundo visible es esta máquina, este universo, lo que vemos con nuestros propios ojos”. Estas palabras reflejan la aceptación del naturalismo griego por parte de los filósofos europeos.
El islamismo rechazó, sin embargo, el naturalismo y la causalidad secundaria a favor de una doctrina denominada ocasionalismo (que hizo también una breve aparición en la Europa del siglo XVII). El problema teológico de la causalidad secundaria era que quitaba parte del poder causal a Dios y se lo concedía a los objetos físicos, sustrayéndolos así de la omnipotencia divina y sugiriendo quizás que Dios ya no está presente en su mundo. El ocasionalismo sostenía que Dios está constantemente aniquilando y volviendo a crear el universo. Así, vemos que la bola toca los bolos y luego vemos que los bolos caen, pero la bola no es la causa de que los bolos caigan, la causa es Dios. Es evidente que dentro de la concepción del mundo del ocasionalismo sería difícil desarrollar una concepción moderna y científica del universo donde los objetos actuasen unos sobre otros de forma causal y obedeciendo a leyes.
En resumen, la filosofía natural en Europa despegó alrededor del año 1200, al mismo tiempo que la investigación científica se paralizó en el mundo islámico. Los filósofos y los teólogos cristianos dieron la bienvenida a la tarea de conciliar fe y razón, mientras que los pensadores musulmanes la rechazaron. La situación en China se parecía a la del mundo islámico, aunque los chinos no alcanzaron un desarrollo científico adecuado por no conocer la filosofía naturalista de los griegos. Como en el mundo islámico, la religión y el estado no estaban separados. El emperador gobernaba por mandato divino, de manera absoluta y sobre todas las cosas. Como en el mundo islámico pero a diferencia de Europa, no se desarrollaron instituciones autónomas como las ciudades y las universidades. El concepto de mandato divino impidió el desarrollo de la astronomía, el campo de donde surgió la revolución científica. El rasgo característico de la vida intelectual china que hizo imposible el desarrollo de la filosofía natural y la ciencia fue el mandarinato. Aunque el emperador reinaba, las riendas del gobierno estaban en manos de una elite de burócratas que gobernaban: los mandarines. El ingreso y la promoción en la burocracia de los mandarines dependía de la superación de una serie de exámenes que certificaban el dominio que tenían los candidatos de la literatura clásica china. la filosofía y la ciencia no formaban parte del sistema de exámenes y por eso no había razón para estudiarlas y cultivarlas.

La tradición crítica

Tales fue el primer maestro que les dijo a sus discípulos: "Así es como yo veo las cosas, como yo creo que son las cosas. Intentad mejorar esto que yo os enseño".
Por T. H. L. (Para Kaos en la Red) [07.12.2006 15:15]


Tales de Mileto (aprox. 585 a. C.)


La tradición crítica


En la Grecia de la Era Arcaica, cuando los ciudadanos de a pie pudieron opinar sobre la conducta de sus póleis, la vida intelectual dio un giro, único en la historia de la humanidad, al que frecuentemente nos referimos como "el milagro griego". Los antiguos filósofos griegos fueron los primeros pensadores que buscaron el progreso a través de la crítica.

Con Tales de Mileto (aprox. 585 a. C.) nació una tradición de crítica sistemática cuyo objetivo era mejorar las ideas existentes acerca del mundo natural. Tales fue el primer maestro que les dijo a sus discípulos: "Así es como yo veo las cosas, como yo creo que son las cosas. Intentad mejorar esto que yo os enseño".

Tales no enseñaba sus ideas como si fueran la Verdad recibida que debe preservarse, sino como un conjunto de hipótesis que había que mejorar. Tales y sus discípulos sabían que sólo cometiendo errores y corrigiéndolos después se puede progresar. Este enfoque crítico de la filosofía es lo que se ha venido denominando un sistema de pensamiento abierto.

Las democracias griegas sentaron la base fundamental de todo debate libre: la separación de la condición de las personas y el valor de sus ideas.

En un sistema abierto de pensamiento, las ideas han de valorarse por sí mismas, independientemente de la personalidad, el carácter, las creencias, la raza, el género o la fe de la persona que las expone. Si no se hace esta separación, la discusión degenerará hasta convertirse simplemente en un intercambio de insultos y la persecución de herejías.

La actitud crítica es fundamental, tanto para la filosofía como para la ciencia, pero exige superar la pereza intelectual y el rechazo natural del ser humano a la críticas. El mayor logro de los inventores griegos de la filosofía fue fundar una tradición crítica de pensamiento.


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Noticia relacionada:
La revolución científica del siglo XVII y la creación de la conciencia.


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martes, 5 de diciembre de 2006

Sindicatos e ITV

Javier Caso Iglesias. Plasencia
31 oct 2006 actualizado 00:00 CET :: Leído 199 veces
En el día de ayer fuimos informados por las Centrales Sindicales de la modificación sustancial de las condiciones de trabajo que afectará a los 166 trabajadores que prestamos nuestros servicios en las ITV's de Extremadura. Lo que más nos sorprende de esta propuesta es que parte de los sindicatos y no de la empresa. Una modificación sustancial de condiciones de trabajo es una cosa grave, pues trastoca, vulnerándolas, todas las condiciones pactadas entre el trabajador y la empresa.

Así lo entiende el Estatuto de los Trabajadores, el cual establece nítidamente unos procedimientos y plazos en los cuales se puede negociar, para eso se habilitan, al objeto de que la incidencia de esa gravedad sea menor y menos lesiva.

Pues bien, en este caso se ha vulnerado nuestros derechos como trabajadores como nunca antes había acontecido, no advirtiendosenos de lo que se pretendía hacer con nosotros ni consultándonos como de forma preceptiva y explícita establece el Estatuto de los Trabajadores.
Pero lo más grave es que esta iniciativa de modificación sustancial y lesiva de nuestras condiciones de trabajo no ha partido, como decía más arriba, de la empresa, sino de los sindicatos, pues la propuesta de la empresa que conocíamos sólo afectaba y perjudicaba al 10% de la plantilla. Lo racional ante esa situación hubiera sido que los sindicatos minimizaran el perjuicio causado a ese 10% de trabajadores y no lesionar al 100% de la plantilla; vulnerándose además, insisto, como ahora ocurre, no solamente a nuestros derechos adquiridos, sino a la legislación vigente que es
vulnerada.

Esto evidencia aún más la degradación de los sindicatos que nos “representan” y que, de legitimadores de la empresa (todos recordamos los 150 euros de nuestro salario base y los dos días de asuntos propios que nos quitaron durante el proceso negociador del IV Convenio Colectivo de la Junta de Extremadura), han pasado a defender los intereses de la empresa mejor que los responsables de la misma; haciendo bueno el dicho popular de más papistas que el Papa.

Javier Caso Iglesias. Trabajador ITV de Plasencia

CARLOS MARX solía decir: "Todo lo que sé es que yo no soy marxista".

Carlos Marx estaba harto de idealismo, de ideologismo, de utopismo y de fantasmagorías, por eso viendo lo que concebían los que en su tiempo se hacían llamar marxistas dijo su categórica frase: "Todo lo que sé es que yo no soy marxista". Hoy seguiría repitiéndola, pues los marxistas de hoy siguen practicando un marxismo vulgar
Javier Caso Iglesias [04.08.2006 08:44] - 1641 lecturas


CARLOS MARX solía decir: "Todo lo que sé es que yo no soy marxista".

La frase de Carlos Marx "Todo lo que sé es que yo no soy marxista" la reproduce Federico Engels en una carta que dirige a Paul Lafargue fechada el 27 de octubre de 1890. En dicha comunicación Engels exponía las razones que habían llevado a Marx a pronunciarla, la fundamental de ellas era la relativa a que la mayoría de los grupos que ya en vida de Marx se autocalificaban como marxistas, no solían practicar otra cosa más que un mero socialismo vulgar de carácter ideológico; grupos "marxistas" de los que escribía Engels, citando lo que decía Heine de sus imitadores, "sembré dragones y coseché pulgas".

En la realidad actual, como podemos empíricamente comprobar, la mayoría de las organizaciones y grupos "marxistas" existentes son de este tipo, formaciones políticas que basan su teoría en fantasmagorías, ideologías, idealismos o utopías. La comprobación empírica no es otra que su evidencia representativa en la realidad práctica. Consecuencia de ello no pueden tener otra acción práctica más que el voluntarismo tacticista que, a lo sumo, les puede valer para subsistir como grupúsculo, pero que no les lleva ni les llevará nunca a ser organizaciones hegemónicas de la clase social que dicen representar y por tanto nunca serán formaciones transformadoras de realidades sociales.

Recientemente aparecía en algunos medios un artículo de Ricardo Rivera titulado igual que el que Manuel Sacristán escribiera el 14 de marzo de 1983 en ocasión del centenario de la muerte de Carlos Marx, esto es, ¿Qué Marx se leerá durante el siglo XXI? En el citado artículo cita a Fernando Mires, sociólogo chileno radicado en Alemania, el cual dice: "Los marxismos después de Marx tienen el dudoso mérito histórico de haber elevado las ideologías a la categoría de ciencia y, lo que es más grave, de haber rebajado determinadas ciencias (como la historia, o mejor, el materialismo histórico) a la categoría de ideologías. Y no deja de ser una paradoja. Marx, como ningún otro representante de la modernidad, anunció sus teorías como una declaración de guerra a la religión, a las utopías y a las ideologías. Y ninguna teoría se ha seguido con tanto fervor religioso, con tanta dedicación utópica y, sobre todo, con tanto delirio ideológico como el marxismo (o los marxismos)".

Marx no era un ideólogo, ni un inventor; Marx era un científico y eso exigía del proletariado, así como del partido en el que estos se organizaran. Marx insistió siempre en la necesidad de una concepción científica del proletariado como requisito para que pueda jugar su papel de emancipador de la humanidad. Incluso llegó a expresar "la clase obrera no tiene ideales por realizar", o sea, la meta histórica del proletariado, como dice Ricardo Rivera en su artículo, no es en esencia una cuestión ética.

Nuestra meta histórica es una tarea científica, y para desarrollarla, como ya decía Marx en su tesis doctoral, dedicada a la filosofía de Demócrito y Epicuro, tenemos que transformarnos en seres humanos autoconscientes, seres humanos conscientes de sí mismos. Hacer desembocar la crítica a cualquier tipo de fantasmagoría, de utopía, de ideología o de religión, como así exponía Marx en sus manuscritos económicos-filosóficos "en la doctrina de que el hombre es la esencia suprema para el hombre y por consiguiente en el imperativo categórico de echar por tierra todas las relaciones en que el hombre sea un ser humillado, sojuzgado, abandonado y despreciable". Para ello es condición imprescindible, como manifestaba Marx en las Tesis sobre Feuerbach, que el proletariado se apropie de la filosofía de la praxis que representa el materialismo dialéctico y, gracias a ella, el proletariado "de ser una fuerza espiritual pasará a ser una fuerza material".

Para que de proletarios, de trabajadores, de obreros (a los que las actuales relaciones de producción nos mantienen en una situación de seres humillados, sojuzgados, abandonados y despreciables), pasemos a ser sujetos históricos del cambio social, tenemos que fusionar a nuestra faceta productiva, la autoconciencia política; uniendo indisociablemente nuestro ser productivo con nuestro ser político. Únicamente así iniciaremos la senda de nuestra emancipación que nos llevará de ser seres forzados que deben de ofrecer en el mercado su fuerza de trabajo para poder subsistir a ser seres humanos plenamente realizados, con ello habremos conseguido que las relaciones de unos seres humanos con otros no se conviertan en mercancías, evitando con ello la cosificación de nuestras relaciones.

Ahora bien, hacer del sujeto productivo un sujeto histórico requiere el enorme esfuerzo de hacerlo autoconsciente, además, hacerlo autoconsciente de la necesidad de dotarse de un pensamiento rigurosamente científico que lo emancipe de la alienación al que lo someten unas relaciones de producción que le cosifican y le convierten en mercancía.

Sin una filosofía de la praxis, que nos aleje del voluntarismo, del tacticismo, de la utopía, de las fantasmagorías, así como de todos esos productos que la ideología engendra, esta tarea sería imposible. Necesitamos pues una filosofía de la praxis, una filosofía científico-técnica rigurosa que nos sirva de guía para la acción.

Si observamos la realidad a la luz de los avances de la ciencia y de la técnica no nos queda otra que reconocer que esta filosofía de la praxis no puede ser otra que el materialismo dialéctico. Expliquemos porqué:
En la actualidad cualquier diccionario al que recurramos nos define a la materia como todo lo que existe en el Universo, compuesto por partículas elementales agrupadas en átomos y moléculas. O sea, que somos materia, por tanto materialistas. Cualquier diccionario también nos informa que la materia se puede transformar en energía mediante un proceso de desmaterialización y viceversa, que la energía se puede transformar en materia por un proceso de materialización; esto es, que la energía no es más que materia desmaterializada que se puede materializar. Por tanto la nada no existe y todo es materia y, consecuencia de ello, nosotros materialistas. Incluso "Los fantasmas formados en el cerebro humano -afirmaba Marx- son necesariamente sublimaciones de su proceso material de vida".
Por otra parte la ciencia nos informa que, indistintamente de la forma que adopte la materia, su naturaleza inherente es dialéctica, o sea, que esta materia o energía, según se nos presente, se encuentra en constante movimiento; para certificar esta evidencia no tenemos más que observarla a través de un microscopio, cosa esta para la que ni siquiera hace falta ser ya un científico, pues la sabe realizar cualquier estudiante de primer curso de secundaria.

El primer paso está dado, somos autoconscientes de nuestra naturaleza materialista y dialéctica. Ahora vayamos a por el segundo que no es otro que el relativo a entender, desde esta filosofía materialista y dialéctica, que hacemos como seres humanos en la historia.

El segundo paso estaría completado si entendemos que lo que el ser humano ha hecho desde su aparición como especie en este mundo y que no es otra cosa que lo mismo que hace la materia, lo mismo que hace la naturaleza, esto es, producir su vida material.

La producción de la vida material se hace, como no podría ser de otra forma, conforme a la esencia inherente de la materia, esto es, dialécticamente, por eso la llamamos vida, porque está viva, en constante movimiento, o sea, negándose constantemente y superándose (ley general de la dialéctica llamada negación de la negación), elevándose de lo inferior a lo superior, pasando de la potencia al acto que diría Aristóteles (ley general de la dialéctica llamada de transformación de lo cuantitativo en cualitativo), así como luchando contra lo que nos resulta aversivo e incluso uniéndose en algunos momentos a lo menos malo al objeto de combatir lo peor (ley general de la dialéctica llamada de unidad y lucha de los contrarios).

Debemos entender que esta producción de la vida material, a lo largo de la historia, así como desde el momento en que el ser humano puebla la tierra, se ha llevado a cabo mediante diferentes modos de producción.

El primer modo de producción fue el de la comunidad primitiva, que llegada a cierta fase de desarrollo se mostró incapaz de satisfacer las necesidades del grupo con mayor nivel de autoconciencia, forzando este grupo, que técnicamente se le llama formación socio-económica, el paso a otro modo de producción que satisfacía mejor sus necesidades materiales, aunque fuera a costa del grupo o colectivo humano con menor nivel de autoconciencia. Se pasó así al modo de producción esclavista que duró hasta que las relaciones de producción lastraron el desarrollo de las fuerzas productivas capaces de dar nueva satisfacción a las necesidades crecientes del grupo social, esto es, de la formación socio-económica hegemónica; siendo este modo de producción sustituido a su vez por el modo de producción del feudalismo, en el cual los esclavos libres llamados siervos resultaban para la nobleza mucho más productivos, al objeto de mantener su nivel de necesidades satisfechas, que los esclavos, pues al tener el siervo cedida una parte de la tierra propiedad del noble trabajaba mucho más activamente aunque tuviera que dar a cambio al noble una parte del producto de su trabajo. Algunos siervos terminaron convirtiéndose en burgueses gracias a su conversión en usureros, comerciantes y artesanos. Pues los siervos que habían tenido buenas cosechas podía prestar a interés a los siervos que no las habían obtenido tan buenas, así conseguían tierras adicionales en caso de que el siervo empobrecido no pudiera pagar sus deudas, pasando el empobrecido a depender del que se había transformado en persona enriquecida. El poseedor de estos recursos podía delegar sus funciones productivas en quienes de él dependían y dedicarse, además de a la usura, al comercio o a la producción de productos mediante las manufacturas que fueron surgiendo en las ciudades. Estos siervos enriquecidos propugnaron otro nuevo cambio en el modo de producción modificando las relaciones de producción hasta entonces existentes, así apareció el modo burgués de producción que satisfacía mejor las necesidades de esta nueva formación socio-económica más pujante que la nobleza que había aparecido en escena. Las relaciones de producción quedaron configuradas por la nueva clase en ascenso, colocándose de un lado ella, la burguesía y del otro al proletariado; esto es, de un lado los nuevos poseedores de los medios de producción y de otro los desposeídos de los mismos. Estos desposeídos ya no eran siervos, pues la burguesía quería tener a su disposición, al objeto de poder aumentar mejor el desarrollo de las fuerzas productivas que daban satisfacción a sus cada vez mayores necesidades, personas a las que alquilar su fuerza de trabajo no de una forma permanente, sino en función de sus necesidades; esto es en función de cómo les fueran los negocios que emprendían.

En la actualidad tenemos pendiente la nueva fase de desarrollo que se emprenderá cuando el proletario se transforme en sujeto histórico, cosa que sucederá cuando el proletariado sea autoconsciente, cuando el proletariado descubra, aplicando una filosofía de la praxis, una filosofía científico-técnica, una filosofía, por tanto, materialista y dialéctica, tanto la historia real de la humanidad, así como la economía política científica que la rige.

Ahora tenemos pendiente que ese sujeto histórico autoconsciente, orientado por una filosofía de la praxis que sea una verdadera guía para la acción, se erija en el mayor desarrollador de las fuerzas productivas porque conozca la correspondencia, que explica la economía política científica, entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, porque conozca la correspondencia entre la estructura y la superestructura de un modo de producción, porque conozca la correspondencia entre el grado de autoconciencia entre el sujeto social que se erige en mayor desarrollador de las fuerzas productivas y la formación socio-económica hegemónica y emancipada en todo tipo de sociedad.

Ahora tenemos que entender que el proletariado cuando históricamente ha triunfado ha sido por esto, y a esto se han debido sus más estrepitosos fracasos. Si nos erigimos en impulsores decididos del desarrollo de las fuerzas productivas pondremos en evidencia la obsolescencia de las relaciones de producción, cuando la conciencia de esta obsolescencia sea un clamor manifiesto y mayoritario estaremos en condiciones de cambiarlas, dando paso a una hegemonía en la superestructura de la formación socio-económica de la que formamos parte.

Ahora debemos de entender, como así lo explica la filosofía científico-técnica del materialismo dialéctico y de la economía política científica, la correlación entre el desarrollo de las fuerzas productivas y nuestra emancipación, entre el desarrollo de las fuerzas productivas y la satisfacción creciente de nuestras necesidades infinitas que ineludiblemente pasarán, dado el actual avance de las ciencias y de la medicina, por el alargamiento de la vida, que junto al incremento por natalidad de la población nos abrirán nuevos horizontes, llevándonos esta realidad seguramente, aupados por la ciencia y la tecnología, y como hicieron los antiguos griegos, a fundar colonias, en nuestro caso ya no en otros parajes de este planeta llamado tierra, sino en otros planetas. Esto que parece ahora utópico, y si obviamente no queremos perecer como especie, de seguro que no lo será con el tiempo; pues existe otra evidencia empírica y dialéctica que el tiempo apoya, pues nuestro Sol es una estrella en su fase máxima de crecimiento. A partir de esta etapa cesa el aumento de temperatura, y la estrella se enfría definitivamente, aunque continúe la contracción de su volumen. En el curso del paso del tiempo la coloración blanca y azulada, propia de una estrella en sus primeras edades, pasa a blanca y después a amarillenta, que es el caso de nuestro Sol. Mientras tanto no cesan la disminución de volumen ni la pérdida de masa por radiación. O sea, que la materia, dialéctica y celosa de su imperturbable, inherente e ineludible desarrollo permanente nos pone ante nuevas necesidades ajenas a nuestra voluntad que tendremos que superar, como hemos y estamos tratando de superar las relaciones de producción que también son ajenas a nuestra voluntad, disipándolas, como diría Marx, con el desarrollo de nuestras fuerzas productivas.

Para terminar nada mejor que recordar lo que decía al principio, Carlos Marx estaba harto de idealismo, de ideologismo, de utopismo y de fantasmagorías, por eso viendo lo que concebían los que en su tiempo se hacían llamar marxistas dijo su categórica frase: "Todo lo que sé es que yo no soy marxista". Hoy seguiría repitiéndola, pues lo característico de los marxistas de hoy es que siguen practicando un marxismo vulgar, voluntarista, tacticista, dogmático y reformista que nada sabe de dialéctica materialista, que nada sabe de materialismo histórico, que nada sabe de economía política, que nada sabe de filosofía de la praxis, que nada sabe, en definitiva, de ciencia. Menos mal que a los proletarios nos queda el Marx auténtico, menos mal que con él podemos decir que no hay contradicción que no sea disuelta por el ineludible desarrollo de las fuerzas productivas, menos mal que no hay contradicción que no sea disuelta por la modificación de las relaciones obsoletas de producción, menos mal que no hay contradicción que no sea disuelta por la autoconciencia y la autoorganización del proletariado cuando este se constituye en sujeto histórico, menos mal que no hay contradicción que no sea disuelta cuando el sujeto histórico adopta una filosofía de la praxis de carácter materialista dialéctico como guía para su acción; esa filosofía que nos lleva a reafirmarnos en el grito del Che: HASTA LA VICTORIA SIEMPRE.

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Javier Caso Iglesias (Ateneo Valeriano Orobón Fernández) [26.06.2006 08:58] - 386 lecturas - 5 comentarios


Antes de proceder a mostrar mis criterios sobre el significado de los conceptos realidad, racionalidad y necesidad en relación con el escenario social y político actual, así como ante los nuevos retos que como izquierda transformadora tenemos que abordar (esperemos que, ahora sí, con éxito), permítaseme recomendar la lectura de los dos pequeños extractos de los textos que a continuación se exponen:

Según Hegel, la realidad no es, ni mucho menos, un atributo inherente a una situación social o política dada en todas las circunstancias y en todos los tiempos. Al contrario. La república romana era real, pero el imperio romano que la desplazó lo era también. En 1789, la monarquía francesa se había hecho tan irreal, es decir, tan despojada de toda necesidad, tan irracional, que hubo de ser barrida por la gran Revolución, de la que Hegel hablaba siempre con el mayor entusiasmo. Como vemos, aquí lo irreal era la monarquía y lo real la revolución. Y así, en el curso del desarrollo, todo lo que un día fue real se torna irreal, pierde su necesidad su razón de ser, su carácter racional, y el puesto de lo real que agoniza es ocupado por una realidad nueva y viable; pacíficamente, si lo viejo es lo bastante razonable para resignarse a morir sin lucha; por la fuerza, si se opone a esta necesidad. De este modo, la tesis de Hegel se torna, por la propia dialéctica hegeliana, en su reverso: todo lo que es real, dentro de los dominios de la historia humana, se convierte con el tiempo en irracional; lo es ya, de consiguiente, por su destino, lleva en sí de antemano el germen de lo irracional; y todo lo que es racional en la cabeza del hombre se halla destinado a ser un día real, por mucho que hoy choque todavía con la aparente realidad existente. La tesis de que todo lo real es racional se resuelve siguiendo todas las reglas del método discursivo hegeliano, en esta otra: todo lo que existe merece perecer.
La historia, al igual que el conocimiento, no puede encontrar jamás su remate definitivo en un estado ideal perfecto de la humanidad; una sociedad perfecta, un "Estado" perfecto, son cosas que sólo pueden existir en la imaginación; por el contrario; todos los estadios históricos que se suceden no son más que otras tantas fases transitorias en él proceso infinito del desarrollo de la sociedad humana, desde lo inferior a lo superior. Todas las fases son necesarias y, por tanto, legítimas para la época y para las condiciones que las engendran; pero todas caducan y pierden su razón de ser, al surgir condiciones nuevas y superiores, que van madurando poco a poco en su propio seno; tienen que ceder el paso a otra fase más alta, a la que también le llegará, en su día, la hora de caducar y perecer. Del mismo modo que la burguesía, por medio de la gran industria, la concurrencia y el mercado mundial, acaba prácticamente con todas las instituciones estables, consagradas por una venerable antigüedad, esta filosofía dialéctica acaba con todas las ideas de una verdad absoluta y definitiva y de estados absolutos de la humanidad, congruentes con aquélla. Ante esta filosofía, no existe nada definitivo, absoluto, consagrado; en todo pone de relieve su carácter perecedero, y no deja en pie más que el proceso ininterrumpido del devenir y del perecer, un ascenso sin fin de lo inferior a lo superior, cuyo mero reflejo en el cerebro pensante es esta misma filosofía. Cierto es que tiene también un lado conservador, en cuanto que reconoce la legitimidad de determinadas fases sociales y de conocimiento, para su época y bajo sus circunstancias; pero nada más. El conservadurismo de este modo de concebir es relativo; su carácter revolucionario es absoluto, es lo único absoluto que deja en pie. (Federico Engels.- Ludwing Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana. Año 1886).

En la dialéctica, negar no significa simplemente decir no, o declarar inexistente una cosa, o destruirla de cualquier modo. La naturaleza de la negación dialéctica está determinada por la naturaleza general y especial del proceso. No sólo tengo que negar, sino que tengo que superar luego la negación. Tengo, pues, que establecer la primera negación de tal modo que la segunda siga siendo o se haga posible. Toda especie de cosas tiene su modo propio de ser negada de tal modo que se produzca de esa negación su desarrollo, y así también ocurre con cada tipo de representaciones y conceptos.
¿Qué papel desempeña en Marx la negación de la negación? Marx muestra simplemente con método histórico y resume brevemente en estos párrafos que, al modo como en otro tiempo la pequeña industria produjo necesariamente por su propio desarrollo las condiciones de su aniquilación, es decir, la expropiación de los pequeños propietarios, así ahora el modo de producción capitalista produce igualmente las condiciones materiales bajo las cuales tiene que perecer. El proceso es histórico y si, al mismo tiempo, es dialéctico, ello no es culpa de Marx, por mucho que disguste al señor Düring. (Federico Engels.- Anti-Dühring. Año 1878).

Que enseñanzas nos traslada Engels en estos textos que puedan sernos útiles en las circunstancias presentes, a esta maltrecha (por momentos) izquierda transformadora que representamos.

La primera es obvia y nos lleva a tener en consideración el principio de realidad del que la izquierda transformadora ha prescindido durante un excesivo espacio de tiempo (así nos va), esto es: lo racional será real siempre y cuando demuestre ser necesario, al tiempo que lo irreal es irracional por estar despojado de toda necesidad.

Digo que es obvio y que así nos va por la patente y tozuda realidad que durante tantos años nos ha caracterizado y que ha terminado por ubicarnos en el mundo de lo ideal y de lo irracional; pues, no es cierto por evidencia empírica, la total carencia de realidad de nuestras propuestas y prácticas. Insisto, por evidencia empírica, ya que es únicamente en la práctica donde se prueban, según nuestro método científico de análisis y validación, la realidad de una teoría o propuesta.

No tendríamos que proceder (ya es hora), al objeto de hacer necesarias nuestras propuestas (como así también nos indica nuestro método científico de análisis y validación), eliminando de las mismas todo tipo de extravagancia teórica.

Si como afirma Engels, que en el curso del desarrollo, toda realidad termina tornándose irrealidad, pierde su necesidad su razón de ser, su carácter racional, y el puesto de lo real que agoniza es ocupado por una realidad nueva y viable; no deberíamos nosotros mismos, como izquierda transformadora, habernos despojado (mediante el análisis teórico y la validación práctica) de la irrealidad en la que en estos últimos años nos hemos ido convirtiendo. Obviamente no hemos podido, y esto por la simple evidencia de haber abandonado el método de análisis y validación que nos hubiera regenerado. Al abandonar el método de análisis y validación dialéctico-materialista se pierde (como nos ocurre en la actualidad a la izquierda transformadora) la ligazón con la realidad, dejando por ello de ser necesarios y pasando a formar parte de lo irreal, de lo irracional y de lo prescindible.

Uno de nuestros problemas fundamentales como izquierda transformadora es no haber entendido, para con nosotros mismos, la rotunda realidad de la historia y del conocimiento, digámoslo con las palabras de Engels: La historia, al igual que el conocimiento, no puede encontrar jamás su remate definitivo en un estado ideal perfecto de la humanidad; una sociedad perfecta, un "Estado" perfecto, son cosas que sólo pueden existir en la imaginación; por el contrario; todos los estadios históricos que se suceden no son más que otras tantas fases transitorias en él proceso infinito del desarrollo de la sociedad humana, desde lo inferior a lo superior.

En este punto hemos procedido como aquellos médicos que prescriben para los demás lo que no son capaces de dictarse para ellos mismos.

Tampoco hemos sabido interpretar, explicar y digerir (no solo en relación con los demás, sino fundamentalmente con respecto a nosotros mismos como realidad organizada) el hecho, como también nos dice Engels, de que todas las fases son necesarias y, por tanto, legítimas para la época y para las condiciones que las engendran; pero todas caducan y pierden su razón de ser, al surgir condiciones nuevas y superiores, que van madurando poco a poco en su propio seno; tienen que ceder el paso a otra fase más alta, a la que también le llegará, en su día, la hora de caducar y perecer.

Hemos por tanto de ocuparnos (esto siempre y cuando queramos salir del mundo de lo imaginario en el que por evidencia empírica nos encontramos y, siempre y cuando, deseemos tener algún tipo de incidencia en el mundo de lo real), hemos por tanto de asumir, como izquierda transformadora, de una forma resueltamente efectiva, tanto en lo teórico como en lo práctico, que la filosofía dialéctica acaba (para todos, incluidos nosotros) con todas las ideas de una verdad absoluta y definitiva y de estados absolutos de la humanidad, congruentes con aquélla. Ante esta filosofía, como insiste Engels, no existe nada definitivo, absoluto, consagrado; en todo pone de relieve su carácter perecedero, y no deja en pie más que el proceso ininterrumpido del devenir y del perecer, un ascenso sin fin de lo inferior a lo superior, cuyo mero reflejo en el cerebro pensante es esta misma filosofía. Cierto es que tiene también un lado conservador, en cuanto que reconoce la legitimidad de determinadas fases sociales y de conocimiento, para su época y bajo sus circunstancias; pero nada más. El conservadurismo de este modo de concebir es relativo; su carácter revolucionario es absoluto, es lo único absoluto que deja en pie.

Por ello, al abandonar la izquierda transformadora el modo de concebir dialéctico-materialista se ha desligado de lo único absoluto que contiene, se ha desligado de su carácter transformador. El estancamiento en el que se haya sumida, toda la izquierda transformadora en su conjunto y sin excepción, no se debe a otra cosa más que a esta evidencia: el abandono del modo de concebir dialéctico-materialista.

Nada hace más claro e indiscutible esto que señalamos que la forma bunkerizada que tenemos, como izquierda transformadora, de negar y de criticar (lo que demuestra, como he dicho en otras ocasiones, nuestra impotencia y que nos termina llevando a las situaciones que, permanentemente, vivimos; pues nada hay más cercano al entreguismo (sin condiciones además a las tesis del adversario) que la crítica bunkerizada. Del izquierdismo al reformismo no hay más que un paso), en la dialéctica, sigamos recordando lo que nos enseña Engels, negar no significa simplemente decir no, o declarar inexistente una cosa, o destruirla de cualquier modo. No sólo tengo que negar, sino que tengo que superar luego la negación. Tengo, pues, que establecer la primera negación de tal modo que la segunda siga siendo o se haga posible. Toda especie de cosas tiene su modo propio de ser negada de tal modo que se produzca de esa negación su desarrollo, y así también ocurre con cada tipo de representaciones y conceptos.

Seamos pues consecuentemente materialistas, seamos pues consecuentemente dialécticos. De no ser así seguiremos, como izquierda transformadora, eternamente estando en el mundo de la irrealidad, en el mundo de la irracionalidad, en el mundo de lo ideal, dejando que el escenario de la vida social, económica y política lo gestionen y administren otros, aquellos que se ocupan por diseñar y desarrollar una realidad nueva y viable; y que, hoy por hoy (desafortunadamente y como consecuencia de nuestros garrafales errores) no somos nosotros.

Insisto y recalco, antes de finalizar este escrito, que nuestra función debe de ser la de recuperar los principios de realidad, de racionalidad y de necesariedad (por tanto nada de crítica bunkerizada ni de entreguismo claudicante), al objeto de poder diseñar y desarrollar unas circunstancias sociales, políticas y económicas nuevas y viables. No sólo tenemos que negar, sino que tenemos que superar luego la negación. Tenemos, pues, que negar de tal modo que se produzca de esa negación su desarrollo: Una realidad nueva y viable.

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Una valoración del Plan para IU que propone Enrique Santiago
http://www.kaosenlared.net/noticia.php?id_noticia=19973

La emancipación de la clase obrera tiene que ser obra de ella misma, de no ser así no será.

Se debe decir al pueblo: no me votéis si esperáis que yo os solucione vuestros problemas, sois vosotros los que tenéis que solucionarlos. Y sobre todo conscientes de que nunca la burguesía las atenderá, reforzarnos organizativamente como forma de poder alternativo para, llegado el momento de agudización y crisis general del sistema, la constituyamos en poder.
Javier Caso Iglesias (Ateneo Valeriano Orobón Fernández) [26.06.2006 10:39] - 225 lecturas - 6 comentarios


Estimado amigo Malime:

Considero muy apropiada tu sugerencia, en ella tiene que pivotar cualquier alternativa que pretenda, desde la izquierda transformadora, ser influyente y unitaria. Tenemos que aprender de la historia, y una de sus principales enseñanzas, visto lo visto, tiene que pasar por la educación del sujeto histórico (la clase obrera) para que esta haga efectiva, de una forma real, la emancipación de sí misma.

Es obvio que La emancipación de la clase obrera tiene que ser obra de ella misma, de no ser así no será. Pienso que ya se dan las condiciones materiales para entender de una forma clara esto.


Gracias por tu aportación a la noticia:
No somos oposición ni exigente ni influyente, ni alternativa.
Una propuesta unitaria para relanzar IU.
http://www.kaosenlared.net/noticia.php?id_noticia=20067

_____
Reproduzco, por su interés, la aportación de Malime

Asunto: Respuesta a la noticia: No somos oposición ni exigente ni influyente, ni alternativa. Una propuesta unitaria para relanzar IU.
De: "LIMEMA"
Fecha: Vie, 23 de Junio de 2006, 12:32 pm
Para: javier.caso.iglesias

Se le olvida a Enrique de Santiago resaltar algo de cuando era Secretario de las juventudes del PCT (Partido Comunista de los Trabajadores, antes OPI-PCE, compuesto mayoritariamente por gentes que habíamos sido expulsados del PCE por adelantarnos a denunciar y criticar el reformismo que como vemos pasados los años le está conduciendo a la extinción), lo que entendíamos como democracia directa y participativa, un Estado y una Democracia que nada tiene que ver con el Estado y la Democracia burguesa.

No se trata de entrando en ese juego electoral pretender una mayor democracia en la propuesta de candidatos, con la que se contribuye a legalizar el capitalismo a través del Estado burgués. Lo que se debe hacer por todo candidato, aprovechando el juego institucional burgués es denunciar ese falso juego, decir al pueblo no me votéis si esperáis que yo os solucione vuestros problemas, sois vosotros los que tenéis que solucionarlos, si me votáis es para ser vuestro portavoz, para ascender vuestras demandas de forma permanente, siempre que vosotros asumáis el protagonismo que os corresponde, si os organicéis de forma alternativa desde abajo, desde vuestro lugares de trabajo, desde vuestros barrios, etc., y por mi parte denunciar ante vosotros el rechazo burgués a vuestras exigencias, denunciar lo que se cuece desde arriba, desde ese falso juego y que se comprenda la necesidad de que todos, desde abajo y desde arriba presionemos para que se atiendan las verdaderas demandas. Y sobre todo conscientes de que nunca la burguesía las atenderá, reforzarnos organizativamente como forma de poder alternativo, para que en su desarrollo esa forma de poder comunal o soviético que hacemos desde abajo de forma alternativa, llegado el momento de agudización y crisis general del sistema capitalista, se constituya en forma de poder.

Si ese mensaje no lo tenemos claro, si no se lo decimos al pueblo con un lenguaje entendible, que le obligue a sentirse necesitado de luchar, de dejar de confiar en falsos dioses y tribunos integrados en el Estado burgués "colgado del cielo", le estaremos engañando.

Salud

Encuentro en Yuste (Cáceres) sobre la Europa social de los ciudadanos

El encuentro, que tuvo lugar hace pocos días en el Monasterio de Yuste, y en el que participaron prestigiosos intelectuales como José Saramago o Paul Preston, se desarrolló, bajo el título de la Europa social de los ciudadanos, con la finalidad de generar un debate sobre el futuro europeo en el que participen todos los sectores sociales.
Javier Caso Iglesias (Ateneo Valeriano Orobón Fernández) [22.06.2006 09:06] - 330 lecturas - 3 comentarios

Dado que comparto con Engels aquella idea que expresa que de la contradicción surge el desarrollo, voy a contribuir a generarla -con ese fin- desde mi peculiar pensamiento de izquierda transformadora calificado por algunos de "políticamente incorrecto".

La cuestión, perdónenme el inciso, es que creo que el pensamiento de la izquierda transformadora debe de ser siempre políticamente incorrecto, esto es, un pensamiento desenmascarador y desenmascarado, un pensamiento creativo, a la vanguardia, progresista; un pensamiento que no debe de tener pelos en la lengua, un pensamiento al que, si acaso le aparecieran pelos en su lengua, debería de inmediato y sin vacilación depilárselos; un pensamiento que siempre empuje hacia adelante; un pensamiento que destierre, a un país de nunca jamás, aquella idea que recoge la frase que Fernando VII hacía pronunciar a sus súbditos: "lejos de nosotros señor, la funesta manía de pensar"; un pensamiento que impulse, como siempre digo, el desarrollo democrático, participativo y sostenible de las fuerzas productivas, en definitiva un pensamiento que consiga desplegar todas las potencialidades y capacidades de la vida material.

Voy a proceder, para ello, a valorar el encuentro, que tuvo lugar hace pocos días en el Monasterio de Yuste, en el que participaron prestigiosos intelectuales como José Saramago o Paul Preston.

El encuentro, que se desarrolló bajo el título de la Europa social de los ciudadanos, fue organizado por la Fundación Academia Europea de Yuste con la finalidad de generar un debate sobre el futuro europeo en el que participen todos los sectores sociales. Reseñar, de este encuentro, que los expertos reunidos consideraron necesario crear un modelo social que combine aspectos sociales y culturales, así como políticas que se desarrollen en toda la UE.

Del encuentro decir que, concretamente, me voy a centrar en las intervenciones de Felipe González y de Rodríguez Ibarra.

En primer lugar quiero discrepar con aquellos que dicen que Ibarra es un ilusionista que vende humo. Y discrepo por la sencilla razón de que difícilmente alguien se puede mantener 23 años al frente de la gestión de un gobierno, que renuevan los ciudadanos con su voto democrático cada cuatro años, siendo un simple ilusionista que vende humo.

Hay que ser más rigurosamente científicos en los análisis y decir que Ibarra es el político extremeño, nos guste o no la forma que tiene de hacerlo, que, en esta específica y concreta fase histórica por la que atravesamos, más y mejor garantiza, en la práctica, el desarrollo de las fuerzas y capacidades productivas de nuestra región; de ahí y no de otra parte le vienen a Rodríguez Ibarra las simpatías que suscita entre el pueblo extremeño. Por tanto, es obvio, que si algún otro político extremeño suscitara mayores simpatías que Rodríguez Ibarra -no por su cara bonita, sino por la solidez, credibilidad y coherencia de sus propuestas, ideas, gestión, iniciativas y hechos-, sería ese político el que estaría al frente del gobierno regional.

Centrándome en el encuentro en sí, decir que Felipe González advirtió que Europa está perdiendo "importancia relativa" a nivel mundial, y que desde septiembre de 2001 lo está haciendo "muy rápido", de modo que su papel ya no es relevante.

Mi respuesta o aportación a esta evidencia, constatada por Felipe González y que a nadie se nos escapa, la tomo, permítaseme, de la propuesta que Enrique Santiago hace a IU, la cual dice: Un programa que apueste con claridad por una Europa con democracia plena en lo político, lo económico y lo social, que deje en evidencia a quienes dicen pretender construir Europa y limitan las competencias del Parlamento Europeo, los derechos sociales y quieren dar rango constitucional al liberalismo económico. Por una Europa con política exterior y de seguridad común no subordinada a la estructura de la OTAN ni a los intereses estadounidenses, una Europa desnuclearizada y con un Concepto de Seguridad que frente a la doctrina preventiva se base en la cooperación y el diálogo.

Un aspecto que evidenció Felipe González en el encuentro como otro de los graves problemas europeos es la "cultura corporativa", una corporativización que hace que no haya movimientos ascendentes, ni descendentes en la innovación o las empresas. Una cultura empresarial que además cuenta con la ayuda o el subsidio del poder político, económico y sindical, sistema que, además, "no discutimos".

Esto es una verdad incuestionable e indiscutible. Mis razones para llegar a esta conclusión son, seguramente, diametrales a las de Felipe González, pero la evidencia objetiva es que la cultura corporativa europea nos lastra; ahí tenemos como ejemplo evidente nuestro modelo de relaciones laborales, al cual no se le hace otra cosa que precarizar y, a pesar de ello, seguimos siendo el país que menos produce en relación a las horas de trabajo que empleamos para ello; superando estas horas, con mucho, a la media europea.

Vemos, con el ejemplo expuesto de cultura corporativa, que la aplicación de las políticas aversivas, diseñadas por la derecha y la patronal y aplicadas complacientemente, y sin discutir, por los distintos equipos que han pasado por el gobierno del estado, no son eficaces para el desarrollo de nuestras fuerzas productivas, tendiéndose en la actualidad, esto es lo verdaderamente innovador, por métodos más rigurosamente científicos, como los que en el ámbito de la regulación de las relaciones laborales propugna la psicología organizacional; la cual posibilita estas adaptaciones y movimientos, en razón a la capacidad práctica demostrada por la persona, y sin menoscabo de la dignidad, de la estabilidad en el empleo, ni de las percepciones salariales que se reciban.

Se dice, en las crónicas del encuentro, que la política energética también fue puesta de manifiesto en el discurso de Felipe González, quien expresó que Europa "tiene una tremenda dependencia energética". Por tanto, se mostró partidario de que "Europa tuviera una política energética común" y no como ha ocurrido hasta ahora en la que cada país lleva a cabo su política particular.

Desde mi punto de vista esta realidad abre muchísimas posibilidades, sobre todo si optamos por la innovación y por el impulso de la investigación en el ámbito de las energías no contaminantes, por ejemplo la del hidrógeno, la de la fusión, la solar o la eólica. Superando, por tanto, el actual modelo de desarrollo depredador y degradador de la naturaleza.

En relación al modelo educacional europeo, en el que centró Rodríguez Ibarra parte de su intervención, me gustaría comentar -y con esto termino esta crónica opinada del encuentro sobre la Europa social y de los ciudadanos celebrado en Yuste- la idea que expuso y que, por qué no decirlo, aplaudo y comparto; esto es, la relativa a la necesidad de crear y articular un espacio universitario común europeo que incluya, dicho en palabras de Rodríguez Ibarra, un "curriculum universitario flexible", en el que se mantengan unas mínimas asignaturas troncales obligatorias, pero que luego "sea el alumno el que cree ese curriculum" y de esta manera pueda introducir en él "innovación e imaginación".

Mi criterio particular a este respecto es que si, entre todos, conseguimos arbitrar una serie de medidas legislativas, en el ámbito competencial que a cada cual le corresponde, en el sentido descrito, esto es, el relativo a la necesidad de crear y articular un espacio universitario común europeo que incluya un curriculum universitario flexible, en el que se mantengan unas mínimas asignaturas troncales obligatorias, pero que luego sea el alumno el que cree ese curriculum y de esta manera pueda introducir en él innovación e imaginación, es obvio que, con ello, nuestro sistema educativo saldrá reforzado tanto cuantitativa como cualitativamente; en especial sus alumnos, que podrán dar una mayor satisfacción a su vocación, así como a la sociedad, que recibiría unas mejores prestaciones de aquellos que universitariamente forma.

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Las Leyes Generales de la Dialéctica como guía teórico práctica de una acción eficaz

Nos surge por tanto la pregunta, al igual que a Ilya Prigogine, si en termodinámica el tiempo implica degradación y muerte, donde encaja en esto el fenómeno de la vida con su tendencia inherente hacia la organización y complejidad creciente.
Javier Caso Iglesias [01.06.2006 11:19] - 842 lecturas


El otro día divulgaba en estas páginas de Kaosenlared un análisis sobre las tareas que debe acometer la izquierda transformadora si no quiere quedarse, como expresa acertadamente el dicho popular, para vestir santos.

En ellas insistía en la necesidad, al objeto de orientarse, de contar con una cosmovisión dialéctica; el no tenerla hace que estemos como estamos.

Esta cosmovisión debe de abarcar de lo particular a lo general y ha de estar basada en las Leyes Generales de la Dialéctica, pues solo así podremos afrontar con garantías de éxito las tareas que debemos de acometer, o dicho en palabras de Marx: "nuestra misión histórica".

He insistido tanto en estas páginas, y en concreto en mi intercambio de opiniones con Rafael Pla-López, sobre la necesaria coherencia de esa cosmovisión dialéctica, incluso en el nivel de interpretación del universo y sus leyes, por el hecho de probar y demostrar su consistencia. Veamos con un ejemplo como:

Los textos de la Fundación Federico Engels que he difundido en estas páginas de Kaosenlared, cuyos autores son Alan Woods y Ted Grant, que versan sobre la nueva interpretación de la segunda ley de la termodinámica introducida por el premio Nóbel belga Ilya Prigogine; indican la férrea solidez, como diría Engels, de las Leyes Generales de la Dialéctica.

Hasta ahora nuestro futuro, según la interpretación por parte del establishment científico que intentó aplicar la segunda ley de termodinámica al universo en su conjunto -como dijera Ilya Prigogine-, parecía desembocar en la conocida como teoría de la "muerte térmica" del final del universo. Pero ahora resulta, según Alan Woods y Ted Grant, que esta es una ley limitada, que no se aplica a sistemas compuestos de un pequeño número de partículas (microsistemas) o a sistemas con un número infinito de partículas (universo). Sin embargo se han hecho repetidos intentos de extender su aplicación más allá de su esfera apropiada, llevando a todo tipo de conclusiones filosóficas falsas.

Como siguen exponiendo Alan Woods y Ted Grant, la segunda ley de la termodinámica no se puede aplicar en todas las circunstancias. Boltzmann no tuvo en cuenta fuerzas como el electromagnetismo o incluso la gravedad, teniendo en cuenta solamente colisiones atómicas. Esto nos da una visión tan restringida de los procesos físicos que no se puede considerar de aplicación general. Este es otro ejemplo de lo que sucede cuando se intenta llevar teorías científicas más allá de los límites en los que tienen una aplicación comprobada. Las limitaciones de los principios de la termodinámica ya se demostraron en el siglo pasado en una polémica entre Lord Kelvin, el famoso físico inglés, y los geólogos con relación a la edad de la tierra. Una enorme acumulación de pruebas demostró que los geólogos estaban en lo cierto y Lord Kelvin no.

Nos surge por tanto la pregunta, al igual que a Ilya Prigogine, si en termodinámica el tiempo implica degradación y muerte, donde encaja en esto el fenómeno de la vida con su tendencia inherente hacia la organización y complejidad creciente.

Contestemos a esta pregunta con los argumentos de Alan Woods y Ted Grant que expresan el punto de vista de Ilya Prigogine:

1.- En el mundo real átomos y moléculas casi nunca están "dejados a sí solos". Todas las cosas afectan a todas las cosas, átomos y moléculas están casi siempre expuestos al flujo de energía y material del exterior, que si es suficientemente fuerte puede dar la vuelta parcialmente al proceso aparentemente inexorable de desorden planteado en la segunda ley de la termodinámica.

2.- La entropía termodinámica fracasa lamentablemente como medida del grado mutable de forma y de falta de ella en la creación de los aminoácidos, microorganismos, plantas y animales autorreproductores y sistemas complejos de información, como el cerebro.

3.- El proceso de fusión nuclear es un ejemplo, no de decadencia, sino de construcción del universo. Esto ya fue planteado en 1931 por H. T. Poggio, que advirtió a los profetas del pesimismo termodinámico contra intentos injustificados de extrapolar una ley, que se aplica en ciertas situaciones limitadas en la tierra, a todo el universo. "No estemos tan seguros de que el universo es como un reloj que siempre se va distendiendo. Puede haber una manera de darle cuerda".

4.- La termodinámica tradicional ve en la entropía solamente un movimiento hacia el desorden. Esto, sin embargo, se refiere sólo a sistemas simples aislados (por ejemplo una máquina de vapor). La nueva interpretación que hace Prigogine de las teorías de Boltzmann es mucho más amplia, radicalmente diferente.

5.- En algunos casos una colisión entre moléculas produce un cambio en las moléculas implicadas (una "colisión reactiva"). Estas reacciones se pueden acelerar con la utilización de catalizadores. En un organismo vivo estos catalizadores son proteínas específicas llamadas enzimas. Los movimientos aparentemente caóticos y causales de las moléculas, en un momento dado llegan a un punto crítico en el que la cantidad repentinamente se transforma en calidad. Y esta es una propiedad esencial de todas las formas de materia, no sólo orgánica sino también inorgánica.

6.- Todo organismo viviente combina orden y actividad. En sistemas simples aislados, como un cristal, se puede mantener el equilibrio durante mucho tiempo, incluso indefinidamente. Pero las cosas cambian cuando se trata de procesos complejos como seres vivos. No se puede mantener a una célula viviente en estado de equilibrio, o se morirá. Los procesos que rigen el surgimiento de la vida no son sencillos y lineales, sino dialécticos, implicando saltos repentinos en los que la cantidad se transforma en calidad.

7.- El fenómeno del reloj químico investigado por Ilya Prigogine demuestra como en la naturaleza el orden surge espontáneamente del caos en un punto determinado. Esta es una observación importante, especialmente con relación a la manera en que la vida surge de la materia orgánica. Este fenómeno del "reloj químico" es especialmente importante, describe el comportamiento de las moléculas de gas. Supongamos que hay dos tipos de moléculas, "rojas" y "azules", en un estado caótico, en moción completamente al azar. Se podría suponer que, llegados a un momento dado, se daría una distribución irregular de moléculas, produciendo un color "violeta", con destellos ocasionales de rojo o azul. Pero en un reloj químico, esto no sucede más allá del punto crítico. El sistema es todo azul, después todo rojo, y estos cambios se producen a intervalos regulares.

8.-En la teoría clásica las reacciones químicas se producen de manera estadísticamente ordenada. Normalmente hay una concentración media de moléculas, con una distribución regular. Sin embargo, en realidad, parece como si se pudieran organizar concentraciones locales por sí mismas. Estos puntos focales de los que Prigogine llama "auto organización" pueden consolidarse hasta el punto que afectan todo el sistema en su conjunto. Lo que antes se creía que era un fenómeno marginal resulta ser totalmente decisivo.

9.- El punto de vista tradicional era considerar los procesos irreversibles como una molestia, provocada por la fricción u otras fuentes de calor perdidas en máquinas. Pero la situación ha cambiado. Sin procesos irreversibles la vida no sería posible.

10.- Según Prigogine, la irreversibilidad existe a todos los niveles, tanto microscópicos como macroscópicos. Para él, la segunda ley lleva a un nuevo concepto de la materia. En un estado de no equilibrio surge el orden. "El no-equilibrio provoca orden en el caos".

Valga decir como conclusión que quien la presente suscribe, cuando empecé a intercambiar opiniones a través de Kaosenlared con Rafael Pla-López sobre la Segunda Ley de la Termodinámica -hace no más de un mes-, no tenía conocimiento alguno de termodinámica, entropía, neguentropía, etc..., pero, conocedor de las Leyes Generales de la Dialéctica, pronto descubrí que ver en la entropía solamente un movimiento hacia el desorden, como hace la interpretación de la termodinámica tradicional, era errónea por no ser dialéctica. Sumando este descubrimiento a un poco de trabajo de investigación da como consecuencia que Ilya Prigogine, todo un premio Nóbel, cuenta con una nueva interpretación de la segunda ley de la termodinámica que encaja perfectamente en las Leyes Generales de la Dialéctica que enunciaran con toda precisión Carlos Marx y Federico Engels.

Ello qué demuestra, pues sencillamente que un obrero, un trabajador, en definitiva un proletario con conciencia de clase, utilizando como método las leyes generales de la dialéctica y teniendo como objeto el del socialismo científico, esto es, el del progreso de las fuerzas productivas, o lo que es lo mismo el del desarrollo de la vida material; puede orientar adecuadamente su acontecer diario, así como su actividad práctica en aras de un mundo más solidario y mejor que valorice en todos sus desarrollos, presentes o futuros, la vida. Subordinando a este devenir de la vida material, en aras de su permanente subsistencia, todo conocimiento, toda ciencia, toda tecnología, toda filosofía.

Esta fue la razón que motivo a Carlos Marx a decir, en su Tesis sobre Feuerbach, que es necesario:

a) Comprender el fundamento terrenal en su propia contradicción.
b) Una vez comprendido, revolucionarlo prácticamente.

Así como que todos los misterios que inducen a la teoría, al misticismo, encuentran su solución racional en la práctica humana y en la comprensión de esa práctica; por ello no nos hemos de limitar a interpretar el mundo de distintos modos; de lo que se trata es de revolucionarlo.

Por ello toda acción, todo conocimiento, toda tecnología, toda ciencia ha de ponerse manos a la obra y buscar y rebuscar tanto teórica como empíricamente interpretaciones coherentes de las leyes inherentes a la naturaleza, tanto orgánica como inorgánica, que laboren con este fin. Y una vez comprendido el fundamento terrenal en su propia contradicción, ponerse a revolucionarlo prácticamente.


http://www.kaosenlared.net/noticia.php?id_noticia=18966