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lunes, 2 de mayo de 2016

Georg Groddeck. Etimología, simbología y significado de la enfermedad

Extracto del artículo del profesor Ángel Cagigas, Departamento de Psicología de la Universidad de Jaén (*)
 
Georg Groddeck fue un médico, psicoanalista, literato y filósofo nacido el 13 de octubre de 1866 en Bad Kösen. En 1885 inició la carrera de medicina en la Kaiser Universität de Berlín teniendo como profesor a Ernst Schweninger, famoso por ser el médico que había doblegado a Bismarck y que imponiéndole una higiene de vida muy estricta le salvó la vida. Rápidamente Groddeck pasó a formar parte de su pequeño círculo de fieles destacando entre ellos y haciéndose eco de sus ideas. Schweninger no estaba de acuerdo con la medicina académica, no utilizaba medicamentos, sus armas eran la dieta, la hidroterapia, el masaje y su fuerte personalidad, esgrimía un poder absoluto sobre el enfermo y si éste no aceptaba ponerse completamente a sus órdenes y obedecerlo en todo, él no aceptaba cuidarlo. Entendía que el médico no es un científico sino un artista, un creador, y se enfrentaba a la tendencia de la medicina de la época a buscar el mal en los microbios, lo cual convierte al médico en un luchador contra agentes externos en vez de considerarlo un vigilante de la ósmosis sutil entre el ser humano y la naturaleza.

Tras trabajar como asistente de Schweninger se estableció por su cuenta en 1900 abriendo un sanatorio en una villa de Baden-Baden llamada Marienhöhe. Era un caserón de cuatro plantas rodeado de bosques y arroyos, llegaban pacientes con diferentes trastornos orgánicos y se alojaban allí durante una temporada en régimen de pensión completa. Los trataba mediante el masaje, la hidroterapia y la dieta, en consonancia con las enseñanzas que Schweninger le había inculcado. Pero junto a la severidad de éste en Groddeck había lugar para la benevolencia, podía ser muy amable con los enfermos y sobre todo era capaz de ser muy tierno con los que estaban cerca de la muerte.

Pero llegó un momento en que pensó que se había estancado, que no podía llegar más lejos con su forma de trabajar. Entonces apareció la señorita G. Era una solterona que llegó al sanatorio en 1909, padecía diversas enfermedades, tomaba una cantidad enorme de medicamentos y había sufrido varias operaciones, llegaba muy enferma, al borde de la muerte, por lo que la trató con mucho cariño, estuvo charlando con ella, distraídamente, le resultaba muy curiosa la forma en que hablaba y empezó a jugar con la borla del tapete que cubría la cabecera del sillón en el que estaba sentado. De pronto ella cambió por completo, se incorporó y gritando le pidió que dejara la borla en paz, que le molestaba muchísimo. Groddeck la soltó estupefacto. Le preguntó qué otras cosas le molestaban. Ella no podía decírselo hasta que sucediesen, así que siguieron hablando y se dio cuenta de que ella no podía pronunciar determinadas palabras, en ocasiones daba muchos rodeos para referirse a algo, y había objetos cuya presencia no podía soportar siquiera. Así que empezó a interrogarla sobre qué significaban tales objetos para ella y de esta forma se concentró en el estudio del símbolo, que para él significaba la correspondencia entre palabras, objetos o acciones y elementos relacionados con lo sexual. El hombre está dominado por la compulsión a la simbolización, todas nuestras realizaciones, nuestros inventos, nuestras acciones, son símbolos; y la enfermedad también es una expresión del hombre, una más de sus realizaciones, uno de sus símbolos. Esto le daba una salida a su estancamiento, le daba material para trabajar y una nueva visión de la enfermedad que ya no era una prolongación de la de Schweninger sino que era suya propia.

Groddeck siguió trabajando por la senda que había encontrado, tenía éxito con sus enfermos, su trabajo era original... hasta que se dio cuenta del parecido de sus ideas y las de Freud. Así que le escribió una carta haciéndole partícipe de sus planteamientos, sin dejar de señalar que él no establecía diferencia alguna en cuanto a la etiología entre las enfermedades llamadas mentales y las somáticas, simplemente eran diferentes formas de manifestación de una misma realidad, por lo que no había razón para hacer distingos en cuanto al tratamiento, basado siempre en la transferencia y la resistencia. Freud no sólo aceptó sus asertos sino que además le confesó, taimadamente, que no eran originales pues el mismo Ferenczi estaba preparando una serie de trabajos que iban en esa dirección; así que desde ese momento lo reclamaba para su círculo. A partir de entonces trabó relación personal con él y siempre desde un segundo plano que intentaba mantener su independencia pasó a formar parte del círculo de psicoanalistas, detalló sus ideas y las plasmó en gran número de textos que hicieron que Ferenczi le bautizase como el descubridor del psicoanálisis 'in organicis'.

Con su teoría Groddeck afirmaba que la enfermedad tiene un sentido, un significado, queremos expresar algo y no podemos hacerlo por otros cauces así que recurrimos a la enfermedad y no importa que sea corporal o mental, todas son iguales, una expresión de una intención oculta. Esta intención oculta proviene del Ello, concepto que él desarrolló y que fue su creación más original. El Ello es lo que nos hace vivir, la fuerza vital que nos mueve a nosotros y al mundo. Esta fuerza de la que no somos conscientes nos determina, nos vive mientras creemos que somos nosotros quienes vivimos, nos hace ser como somos, necesita expresarse y lo hace a través de nuestro cuerpo y nuestra mente; el Ello se expresa mediante el símbolo y la enfermedad es una de sus formas. El Ello traspasa todas las fronteras y sus procedimientos son idénticos en un suceso mental como el sueño y en un síntoma orgánico, así que la forma de encarar ambos fenómenos y de entenderlos no ha de ser diferente.

Hasta este momento Groddeck había hablado de la influencia del símbolo en el síntoma, a partir de entonces trabajó sobre el símbolo como un síntoma más, utilizando las peculiaridades del lenguaje y del arte para probar lo estrechamente ligados que están el símbolo y la vida. Así realizaba una lectura del cuerpo como si éste fuera un texto, letra hecha carne, utilizaba el lenguaje de una forma muy rica, sin ninguna restricción, como una herramienta de conocimiento y de trabajo, éste es el uso que del lenguaje debe hacer el médico pues debe desesclerotizar el lenguaje del enfermo petrificado en la enfermedad devolviéndole su plena capacidad de expresión; para eso el médico ha de ser capaz de usar el lenguaje como un artista.

De este modo cerraba un círculo, había empezado estudiando la enfermedad manteniendo que el síntoma es un símbolo, una representación de un proceso interno, ahora trataba las palabras como síntomas proclamándolas instrumentos de interpretación y sustituyendo así el psicoanálisis por la etimología...

(*) Puede ir a la fuente de este artículo para seguir leyéndolo:
http://scielo.isciii.es/pdf/neuropsiq/n79/n79a06.pdf

jueves, 28 de enero de 2016

Doce tesis sobre el anti-poder. Por John Holloway

Extraído de: Contrapoder, una introducción. Toni Negri y otros. Ediciones de mano en mano

1. El punto de partida es la negatividad

Empezamos con el grito, no con el verbo. Ante la mutilación de las vidas humanas por el capitalismo, un grito de tristeza, un grito de horror, un grito de rabia, un grito de negación: ¡No! 
El pensar, para decir la verdad del grito, tiene que ser negativo. No queremos entender al mundo sino negarlo. La meta de la teoría es conceptualizar al mundo negativamente, no como algo separado de la práctica, sino como un momento de la práctica, como parte de la lucha para cambiar el mundo, para hacer de él un lugar digno de la humanidad. 
Pero, después de todo lo que ha pasado, ¿cómo podemos incluso empezar a pensar en cambiar el mundo? 


2. Un mundo digno no se puede crear por medio del estado

Durante la mayor parte del siglo pasado, los esfuerzos para crear un mundo digno de la humanidad se enfocaron en el estado y en la idea de conquistar el poder estatal. Las polémicas principales (entre reformistas y revolucionarios) eran acerca de cómo conquistar el poder estatal, sea por la vía parlamentaria o por la vía extra-parlamentaria. La historia del siglo XX sugiere que la cuestión de cómo ganar el poder no era tan importante. En ninguno de los casos la conquista del poder estatal logró realizar los cambios que los militantes esperaban. Ni los gobiernos reformistas, ni los gobiernos revolucionarios lograron cambiar el mundo de forma radical. 
Es fácil acusar a todos los liderazgos de estos movimientos de traicionar a los movimientos que encabezaban. El hecho de que hubo tantas traiciones sugiere, sin embargo, que el fracaso de los gobiernos radicales, socialistas o comunistas tiene raíces mucho más profundas. La razón por la cual el estado no se puede usar para llevar a cabo un cambio radical en la sociedad es que el estado mismo es una forma de relación social que está incrustada en la totalidad de las relaciones sociales capitalistas. La existencia misma del estado como una instancia separada de la sociedad significa que, sea cual sea el contenido de sus políticas, participa activamente en el proceso de separar a la gente del control de su propia vida. El capitalismo es simplemente eso: la separación de la gente de su propio hacer. Una política que está orientada hacia el estado reproduce inevitablemente dentro de sí mismo el mismo proceso de separación, separando a los dirigentes de los dirigidos, separando la actividad política sería de la actividad personal frívola. Una política orientada hacia el estado, lejos de conseguir un cambio radical de la sociedad, conduce a la subordinación progresiva de la oposición a la lógica del capitalismo. 
Ahora podemos ver que la idea de que el mundo se podría cambiar por medio del estado era una ilusión. Tenemos la buena suerte de estar viviendo el fin de esa ilusión. 


3. La única forma de concebir un cambio radical hoy no es como conquista del poder sino como disolución del poder

La revolución es más urgente que nunca. Los horrores que surgen de la organización capitalista de la sociedad se vuelven cada vez más intensos. Si la revolución a través de la conquista del poder estatal se ha revelado como ilusión, eso no quiere decir que debemos abandonar la idea de la revolución. Pero es necesario concebirla en otros términos: no como la toma del poder sino como la disolución del poder. 


4. La lucha por la disolución del poder es la lucha por la emancipación del poder-hacer (potentia) del poder-sobre (potestas) .

Para empezar a pensar en cambiar el mundo sin tomar el poder, hay que hacer una distinción entre el poder-hacer (potentia) y el poder-sobre (potestas). 
Cualquier intento de cambiar la sociedad involucra el hacer, la actividad. El hacer, a su vez, implica que tenemos la capacidad de hacer, el poder-hacer. Muchas veces usamos la palabra "poder" en este sentido, como algo bueno, como cuando una acción junto con otros (una manifestación o incluso un buen seminario) nos da una sensación de poder. El poder en este sentido tiene su fundamento en el hacer: es el poder-hacer. 
El poder-hacer es siempre social, siempre parte del flujo social del hacer. Nuestra capacidad de hacer es producto del hacer de otros y crea las condiciones para el hacer futuro de otros. Es imposible imaginar un hacer que no esté integrado de una forma u otra al hacer de otros, en el pasado, el presente o el futuro. 


5. El poder-hacer está transformado, se transforma, en el poder-sobre cuando se rompe el hacer

La transformación del poder-hacer en poder-sobre implica la ruptura del flujo social del hacer. Los que ejercen el poder-sobre separan lo hecho del hacer de otros y lo declaran suyo. La apropiación de lo hecho es al mismo tiempo la apropiación de los medios de hacer, y esto permite a los poderosos controlar el hacer de los hacedores. Los hacedores (los humanos, entendidos como activos) están separados así de su hecho, de los medios de hacer y del hacer mismo. Como hacedores, están separados de sí mismos. Esta separación, que es la base de cualquier sociedad en la cual algunos ejercen poder sobre otros, llega a su punto más alto en el capitalismo. 
Se rompe el flujo social del hacer. El poder-hacer se transforma en poder-sobre. Los que controlan el hacer de otros aparecen ahora como los hacedores de la sociedad, y aquellos de quienes su hacer está controlado por otros se vuelven invisibles, sin voz, sin rostro. El poder-hacer ya no aparece como parte de un flujo social, sino existe en la forma de un poder individual. Para la mayoría de la gente, el poder-hacer está transformado en su contrario, la impotencia, o el poder de hacer lo que está determinado por otros. Para los poderosos, el poder-hacer se transforma en poder-sobre, el poder de decir a otro lo que tienen que hacer y, por lo tanto, en una dependencia con respecto al hacer de otros. 
En la sociedad actual, el poder-hacer existe en la forma de su propia negación, como poder-sobre. El poder-hacer existe en el modo de ser negado. Esto no quiere decir que deja de existir. Existe, pero existe como negado, en una tensión antagónica con su propia forma de existencia como poder-sobre. 


6. La ruptura del hacer es la ruptura de cada aspecto de la sociedad, cada aspecto de nosotros

La separación de lo hecho del hacer y de los hacedores significa que las personas ya no se relacionan entre si como hacedores, sino como propietarios (o no propietarios) de lo hecho (visto ya como una cosa divorciada del hacer). Las relaciones entre las personas existen como relaciones entre cosas, y las personas existen no como hacedores sino como portadores pasivos de las cosas. 
Esta separación de los hacedores del hacer-y, por lo tanto, de ellos mismos-está discutida en la literatura en términos estrechamente relacionados entre si: alienación (el joven Marx), fetichismo (el viejo Marx), reificación (Lukács), disciplina (Foucault) o identificación (Adorno). Todos estos términos establecen claramente que el poder-sobre no se puede entender como algo externo a nosotros, sino que permea cada aspecto de nuestra existencia. Todos estos términos se refieren a una rigidificación de la vida, una contención del flujo social del hacer, una cerrazón de las posibilidades. 
El hacer está convertido en ser: esto es el núcleo del poder-sobre. Mientras que el hacer significa que somos y no somos, la ruptura del hacer arranca el "y no somos". Lo que nos queda es simplemente "somos": identificación. El "y no somos" o se olvida o se trata como puro sueño. Se nos arranca la posibilidad. El tiempo se homogeneiza. El futuro es ahora la extensión del presente; el pasado, el antecedente del presente. Todo hacer, todo movimiento, está contenido dentro de la extensión de lo que es. Puede ser lindo soñar con un mundo digno de la humanidad, pero es nada más un sueño. El régimen del poder-sobre es el régimen del "así son las cosas", el régimen de la identidad. 


7. Participamos en la ruptura de nuestro propio hacer, en la construcción de nuestra propia subordinación

Como hacedores separados de nuestro propio hacer, recreamos nuestra propia subordinación. Como trabajadores, producimos el capital que nos subordina. Como docentes universitarios, jugamos un papel activo en la identificación de la sociedad, en la transformación del hacer en ser. Cuando definimos, clasificamos o cuantificamos, o cuando sostenemos que la meta de la ciencia social es entender a la sociedad tal como es, o cuando pretendemos estudiar a la sociedad objetivamente-como si fuera un objeto separado de nosotros-participamos activamente en la negación del hacer, en la separación de sujeto y objeto, en el divorcio entre hacedor y hecho. 


8. No hay ninguna simetria entre el poder-hacer y el poder-sobre

El poder-sobre es la ruptura y negación del hacer. Es la negación activa y repetida del flujo social del hacer, del nosotros que nos constituimos a través del hacer social. Pensar que la conquista del poder-sobre puede llevar a la emancipación de lo que niega es absurdo. 
El poder-hacer es social. Es la constitución del nosotros, la práctica del reconocimiento mutuo de la dignidad. 
El movimiento del poder-hacer en contra del poder-sobre no se debe concebir como contra-poder (término que sugiere una simetría entre poder y contra-poder) sino como anti-poder (término que, para mi, sugiere una asimetría total entre poder y nuestra lucha). 


9. Parece que el poder-sobre nos penetra tan profundamente que la única solución posible es a través de la intervención de una fuerza externa. Esta no es ninguna solución

No es difícil llegar a conclusiones muy pesimistas sobre la sociedad actual. Las injusticias y la violencia y la explotación nos gritan, pero sin embargo parece que no hay salida posible. El poder-sobre parece penetrar cada aspecto de nuestras vidas tan a fondo que es difícil imaginar la existencia de "masas revolucionarias". En el pasado, la penetración profunda de la dominación capitalista condujo a muchos a ver la solución en términos del liderazgo de un partido de vanguardia, pero resultó que no fue ninguna solución, ya que simplemente reemplazó una forma de poder-sobre con otra. 
La respuesta más fácil es la desilusión pesimista. El grito inicial de rabia ante los horrores del capitalismo no está abandonado, pero aprendemos a vivir con él. No nos volvemos aficionados del capitalismo, pero aceptamos que no hay nada que hacer. La desilusión implica caer en la identificación, aceptar que lo que es, es. Implica participar, pues, en la separación del hacer del hecho. 


10. La única forma de romper el círculo aparentemente cerrado del poder es viendo que la transformación del poder-hacer en poder-sobre es un proceso que implica necesariamente la existencia de su contrario: la fetichización implica la anti-fetichización

La mayoría de las veces, se discute la alienación (fetichismo, reificación, disciplina, identificación, etcétera) como si fuera un hecho cumplido. Se habla de las formas capitalistas de relaciones sociales como si estuvieran establecidas al alba del capitalismo para seguir existiendo hasta que el capitalismo sea reemplazado por otro modo de producción. En otras palabras, se hace una separación entre constitución y existencia: se ubica la constitución del capitalismo en pasado histórico, y se asume que su existencia actual es estable. Este enfoque conduce necesariamente al pesimismo. 
Si, al contrario, vemos a la separación de hacer y hecho no como algo terminado sino como un proceso, el mundo se empieza a abrir. El hecho mismo de que hablemos de alienación significa que la alienación no puede ser total. Si la separación, alienación, etcétera, se entiende como proceso, esto implica que su curso no está predeterminado, que la transformación del poder-hacer en poder-sobre siempre está abierta, siempre está en cuestión. Un proceso implica un movimiento de devenir, implica que lo que está en proceso (la alienación) es y no es. La alienación, entonces, es un movimiento contra su propia negación, contra la anti-alienación. La existencia de la alienación implica la existencia de la anti-alienación. La existencia del poder-sobre implica la existencia del anti-poder-sobre o, en otras palabras, el movimiento de emancipación del poder-hacer. 
Lo que existe en la forma de su negación, lo que existe en el modo de ser negado, existe realmente, a pesar de su negación, como negación del proceso de negación. El capitalismo está basado en la negación del poder-hacer, la humanidad, la creatividad, la dignidad: pero eso no quiere decir que esto no exista. Como lo han mostrado los zapatistas, la dignidad existe a pesar de su negación. No existe sola, sino que existe en la única forma en la cual puede existir en esta sociedad: como lucha contra su propia negación. El poder-hacer existe también, no como isla en un mar de poder-sobre, sino en la única forma en que puede existir: como lucha contra su propia negación. La libertad también existe, no como la presentan los liberales, como algo independiente de los antagonismos sociales, sino en la única forma en que puede existir en una sociedad caracterizada por relaciones de dominación: como lucha contra esa dominación. 
La existencia real y material de lo que existe en la forma de su propia negación es la base de la esperanza. 


11. La posibilidad de cambiar la sociedad radicalmente depende de la fuerza material de lo que existe en el modo de ser negado

La fuerza material de lo negado se puede ver de diferentes maneras. 
En primer lugar, se puede ver en la infinitud de luchas que no tienen como meta ganar el poder sobre otros, sino simplemente la afirmación de nuestro poder-hacer, nuestra resistencia en contra de la dominación por otros. Estas luchas toman muchas formas diferentes, desde la rebelión abierta hasta luchas para ganar o defender el control sobre el proceso de trabajo o el acceso a educación o servicios de salud, o las afirmaciones de dignidad más fragmentadas y muchas veces silenciosas dentro del hogar. La lucha por la dignidad-por lo que está negado por la sociedad actual- se puede ver también en muchas formas que no son abiertamente políticas: en la literatura, en la música, en los cuentos de hadas. La lucha contra la inhumanidad es omnipresente, ya que está inherente en nuestra existencia como humanos. 
En segundo lugar, la fuerza de lo negado se puede ver en la dependencia del poder-sobre con respecto a lo que niega. La gente cuyo poder-hacer existe como capacidad de decir a otros lo que tienen que hacer, siempre dependen, para su existencia, del hacer de los otros. Toda la historia de la dominación se puede ver como la lucha por parte de los poderosos de liberarse de su dependencia hacia los impotentes. La transición del feudalismo al capitalismo se puede ver de esta manera, no sólo como la lucha de los siervos para liberarse de los señores, sino como la lucha de los señores para liberarse de los siervos a través de la conversión de su poder en dinero y así en capital. La misma búsqueda de la libertad con respecto a los trabajadores se puede ver en la introducción de la maquinaria, o en la conversión masiva de capital productivo en capital dinero, que juega un papel tan importante en el capitalismo contemporáneo. En cada caso, la fuga de los poderosos con respecto a los hacedores es en vano. No hay forma de que el poder-sobre pueda ser otra cosa que la metamorfosis del poder-hacer. No hay forma de que los poderosos se puedan escapar de su dependencia hacia los impotentes. 
Esta dependencia se manifiesta, en tercer lugar, en la inestabilidad de los poderosos, en la tendencia del capital hacia la crisis. La huida del capital con respecto al trabajo, a través del reemplazo de trabajadores por máquinas o por su conversión en capital dinero, enfrenta al capital con su dependencia final hacia el trabajo (es decir, su capacidad de convertir el hacer humano en trabajo abstracto, productor de valor) en la forma de la calda de las tasas de ganancia. Lo que se manifiesta en la crisis es la fuerza de lo que el capital niega, es decir el poder-hacer no subordinado. 


12. La revolución es urgente pero incierta, una pregunta y no una respuesta. 

Las teorías marxista-ortodoxas buscaron captar la certidumbre al lado de la revolución, con el argumento de que el desarrollo histórico conducía inevitablemente a la creación de una sociedad comunista. Este intento era fundamentalmente erróneo, ya que no puede haber ninguna certeza en la creación de una sociedad auto-determinante. La certeza sólo puede estar por el lado de la dominación. La certeza se puede encontrar en la homogeneización del tiempo, en la congelación del hacer en ser. La auto-determinación es inherentemente incierta. La muerte de las viejas certezas es una liberación. 
Por las mismas razones, la revolución no se puede entender como una respuesta, sino sólo como una pregunta, como una exploración de la realización de la dignidad. Preguntando caminamos.


sábado, 4 de agosto de 2012

Cowboy from Brooklyn. Reseña del autor y del libro

Carlos Ortiz de Zárate considera que su novela Cowboy from Brooklyn es un avance en el cumplimiento de dos de sus asignaturas pendientes: la escritura creativa, que siempre ha tenido que dejar para “mañana” por “imperativos categóricos” y novelar su artículo “El discurso de la arrogancia”: http://www.rebelion.org/hemeroteca/imperio/040120ortiz.htm, que publicó a principios del milenio. Nació en Santurtzi en 1944 y tuvo mucha dificultad para encontrarse en un mundo que no comprendía y que nadie le podía explicar. Víctima del Nacional Catolicismo y hasta incluso del Estudio General de Navarra, nombre que tomaba entonces la universidad del Opus tuvo que trasladarse a Francia (Lille), por consejo de una psiquiatra, que aconsejó a su familia que lo sacara de un ambiente que no podía sino destruirle. Tuvo la gran suerte de encontrar personas que le ayudaran, eran otras épocas y pudo continuar sus estudios trabajando. Tuvo, sobre todo, la suerte de encontrarse una universidad dotada con profesores como Pierre Bourdieu y con la germinación y estallido de mayo del 68.

Estos detalles explican el retraso en el cumplimiento de su deseo de escribir, compaginar el trabajo con los estudios, la militancia y su carrera, pero, sobre todo, explica el carácter del protagonista de su novela, Alain de Milly, hijo del delirio de Roseline, miembro de la aristocracia rural francesa afín al PCF, muy brillante, quien abandona todo, para trasladarse a Charlottesville y centrarse en una tesis sobre el semestre que pasó Edgard Allan Poe en la Universidad de Virginia.

En el marco de una borrachera y en la cama que ocupó el autor es concebido un hijo no deseado, Alain, que hereda el delirio, es educado en francés y por tanto es un mal americano, sobre todo en un ambiente tan conservador como lo es el de Charlottesville. Por esto, por el delirio y por su pasión por el teatro, se ve obligado a abandonar su ciudad natal y a trasladarse a Nueva York, en búsqueda del Actors Studio. Tiene 16 años e inicia la década de los 60s.

Su parecido con Pat Dunn, personaje que representó Ronaldo Reagan en Cowboy from Brooklyn y su pasión por las técnicas del actor le hacen caer en las redes del entonces todopoderoso patrón del sindicato de actores, quien lo utiliza, en negro, para evaluar sus discursos en las dependencias de la General Electric.

Alain nunca será actor, su maestría le atrapa en la carrera política de Reagan y de los sucesivos presidentes USA hasta Bush junior, quien lo cede a Cecilia Sarkozy, hasta que es reclamado por Bill Clinton para las primarias de Hillary.

Carlos Ortiz de Zárate, quien reconoce compartir con el protagonista el síndrome de Peter Pan, la búsqueda febril de una infancia perdida y nunca recuperada no es Alain, pero sufre con él impacto del “Discurso de la arrogancia”, que destruye el efecto de la “movida”, que viven tan de cerca Roseline y el entonces marido de ésta Chris Dunn, quien despertó la pasión por el teatro en Alain.

La novela logra mostrar los efectos del “discurso de la arrogancia”, con una lectura fácil, que hace vivir el desagarre, los escándalos y los atentados de los 60s USA, los impactos de los recortes sociales de Bush junior y las locuras de la primera parte de la presidencia Sarkozy.

Para Daniel H. Pagueaux, emérito de la Sorbona, se trata de una picaresca postmoderna y el autor está presente en la misma. Es posible, porque el primero ha sufrido mucho su implicación de un 68 que no completó su misión, porque dividido en grupúsculos, terminó con de Gaulle, pero dio la victoria al gaulismo.

domingo, 30 de octubre de 2011

Conclusiones del texto La Organización del Desafío Democrático

Hablando sobre la claridad de las ideas de la que hacemos gala, así como de esa afinidad por vínculo que mantenemos entre nosotros, consecuencia de la cultura común que representamos, le decía recientemente a un amigo que nuestra Cooperativa Política se parece mucho al movimiento del 15-M. Ese amigo me preguntaba por mi opinión sobre del 15-M y "si sabía de que iban realmente las personas que están en ello".

En mi respuesta expresé lo siguiente:
Creo que estas gentes del 15-M lo tienen más claro de lo que parece. Las palabras de uno de los portavoces de esa plataforma ciudadana así parece evidenciarlo.
En relación al interés de los partidos políticos de negociar con ellos, dicen desde el 15-M que "los políticos tienen sus cauces y no los negamos ni estamos en su contra, pero los ciudadanos tenemos los nuestros y seguiremos trabajando en esa línea".
Añadiendo seguidamente que "ni los portavoces del 15-M, ni los de las diferentes acampadas de 'indignados' son interlocutores válidos para representar a toda la ciudadanía, pues nadie nos ha elegido".
En este sentido defienden que "el deber de los políticos es hacer bien su trabajo", lo que conlleva, a su juicio, "escuchar al pueblo porque son trabajadores para el pueblo", al tiempo que afirman que "los ciudadanos son soberanos para representarse a sí mismos a través de las herramientas disponibles, como la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) o los referéndum".
Desde el movimiento 15-M afirman que "es absurdo plantear una negociación con los políticos porque no hay nada que negociar. El que estén empezando a dar pasos demuestra que no necesitan ningún interlocutor. Ellos son conscientes de lo que se está diciendo en la calle y por eso pedimos que escuchen al pueblo".

Y eso mismo es lo que debe de hacer nuestra Cooperativa Política, este Espacio Plural inclusivo y profundamente democrático por el que trabajamos, esto es, escuchar al pueblo; así como ser coherentes en el cumplimiento de sus demandas.

Otros amigos me advierten del riesgo que ello entraña, pues cabe la posibilidad de ser tentados: "Javier, si ponéis en marcha una Cooperativa Política en Extremadura el PPSOE va a tentar a sus miembros, a los partidos y organizaciones que la conforméis; no va a permitir un nuevo referente electoral que sea consecuente y practique esas ideas que ellos tienen ya en el baúl de los recuerdos. Y menos aún un referente político que intente sumar a todas aquellas fuerzas políticas y sociales que se encuentran desencantadas de las malas prácticas, inadecuados usos y nocivas costumbres que la gobernanza jerárquica que los Partidos del Turno, el PPSOE de Extremadura, practican".

A esto no hay que tener miedo, pues la Cooperativa Política es un verdadero movimiento social, una gran cultura democrática e inclusiva; Sus miembros no son identificados por un carnet de una entidad o de otra, sus miembros se agrupan por afinidad y por el vínculo que representa el compartir esa cultura con la que nos identificamos. Una cultura que se asienta en el cumplimiento coherente con los principios que decimos defender: Democracia participativa, deliberativa e integrativa; el trabajo en red y desde abajo; así como la transparencia, la horizontalidad y el consenso.

Tengamos en cuenta, que una Cooperativa Política, un Espacio Plural, dicho sea con palabras de Jordi Guillot, "es un foro estable de relación, de contacto, de coordinación, pero no es ni un espacio orgánico ni una propuesta electoral".

Y por tanto, las preguntas aquí son las mismas que nos formula Jordi Guillot: ¿Seremos capaces en poder urdir algo que invierta la situación, que marque otra lógica, aunque no sea al cien por cien? ¿Seremos capaces de agrupar todo lo que se mueve?

Yo, como Jordi, creo que sí, creo que lo importante es la capacidad de empezar a reinventar y reorganizar a la izquierda. Es una fantasía imaginarse una izquierda política en España sin contar con los sujetos que hoy en día están presentes.

jueves, 23 de octubre de 2008

La única esperanza de justificar una vida

Alberto Vazquez-Figueroa, en su libro sobre Viracocha, nos deja, entre otros muchos de gran genialidad, estos cuatro párrafos que a continuación muestro; párrafos que presentan nítidamente el perfil psicológico de Francisco Pizarro, así como las contingencias que hicieron de él una persona perseverante y obstinada en sus objetivos y metas.

Sí; Pizarro era muy capaz de plantarle cara a la muerte y derrotarla si de ello dependía la huella que dejara de su paso por la tierra.

Alonso de Molina, nacido en el seno de una familia feliz y habiendo pasado su juventud rodeado por el aliento de los suyos hasta el punto de que a pesar de haberse sacrificado para pagarle los estudios en Sevilla, Toledo y Roma supieron aceptar que prefiriese abandonar los libros para lanzarse a la aventura de las armas, comprendía sin embargo, mejor que muchos, que aquel pobre porquerizo analfabeto, hijo bastardo de un gentilhombre de dudosa alcurnia, necesitase más que nadie destacar por encima del resto de sus contemporáneos.

Para Pizarro, conquistar un imperio constituía ya la única esperanza de justificar una vida de la que tan sólo había recibido golpes y vejaciones, sin ofrecerle como alternativa de futuro más opción que la victoria total o la más negra derrota.

Volvería para vencer o morir, pero él, que había aprendido a apreciar a aquel viejo gruñón y cabezota, no deseaba convertirse una vez más en testigo de su indudable fracaso.

Ni que decir tiene que recomiendo encarecidamente la lectura de esta magnífica obra de Alberto Vazquez-Figueroa títulada Viracocha.

martes, 12 de febrero de 2008

La práctica diaria de la intervención educativa

El aprendizaje es el proceso por medio del cual se producen cambios duraderos en el sujeto.

Piaget da más importancia al proceso interno de razonar que a la manipulación externa en la construcción del conocimiento.

Al hablar de proceso de enseñanza-aprendizaje importa no tanto lo que se enseña como lo que se aprende de forma significativa.

Las leyes que regulan nuestro sistema educativo, así como los más eminentes teóricos del aprendizaje, como se evidencia, coinciden en los objetivos que debe perseguir la educación.

Yo me pregunto si en la práctica diaria de la intervención educativa, vistos sus resultados, se percibe y se da una coherente integración de estos conceptos teóricos con los procedimientos de intervención, el "saber" con el "saber hacer"; esto es, la síntesis integradora entre conocimientos conceptuales e instrumentales.

Por Javier Caso Iglesias. Plasencia (Cáceres)

martes, 29 de enero de 2008

El funeral del silencio, la novela de Paco Martín

Amigo Paco:

Acabo de terminar la lectura de tu novela. De un tirón. La verdad es que se puso interesante y ya no hubo forma de soltarla. La prosa que utilizas es sencilla y se deja leer con facilidad. Me permito felicitarte por ella. Además de interesante recoge muy bien el ambiente de esos días. En fin, la historia de lo que pudo ser. ¿O fue? Inquietante el encuentro de Karol y Joseph. Muy bellas letras las dedicadas al nacimiento de Pedro. Muy acertada la definición de Extremadura al comienzo del capítulo XX. Final explosivo. En fin, muchas cosas a destacar.
Intenté enviarte estas líneas por correo electrónico pero me aparecía devuelto.
Te reitero mi enhorabuena y ya estamos esperando otra nueva obra.

Nota: Esta opinión a la novela de Paco Martín "El funeral del silencio", es una aportación que realiza mi buen amigo Fernando Valbuena.

Para bajarse la novela en formato PDF pulsar aquí o sobre la imagen. Gracias.